25 oct 2020

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El papel de la ciencia

Una científica sostiene una muestra de una investigación sobre coronavirus.

Sebastiao Moreira (EFE)

'Post-coronación'

Manel Esteller

La investigación del covid-19, de agentes similares y de la virología como disciplina merece un paquete presupuestario adicional que no puede salir ni de la investigación ni de la educación ni de la sanidad

La crisis sanitaria y social ocasionada por la pandemia por el coronavirus reina todavia en nuestros cuerpos y en nuestras almas, para aquellos que puedan o quieran distinguir entre ambas entidades. No obstante, tenemos que empezar a pensar en el mundo después de la coronación de este virus, en el escenario 'post-corona'. Si alguna cosa está enseñando todo lo que está sucediendo a nuestra comunidad es la importancia de la ciencia y la investigación. Partiendo de la titánica, generosa e imprescindible tarea de los profesionales biosanitarios que han manejado una situación terriblemente compleja, tenemos que plantearnos la necesidad imperiosa de reforzar la búsqueda del conocimiento. Hemos de apoyar los esfuerzos para que la investigación científica esté en la agenda de los principales actores políticos, sociales y económicos.

De entrada, incrementando el presupuesto dedicada a la misma. Un aumento de su dotación no perjudica en nada a otras partidas presupuestarias también necesarias. Imaginemos una marabunta de hormigas, entre las cuales solo hay una exploradora, que avisa de los peligros que vienen, de dónde hay agua y posibles alimentos. Pues si ponemos dos hormiguitas exploradoras en vez de una (doblar el presupuesto de investigación), les aseguro que estaremos mejor preparados frente a cualquier amenaza y la marabunta no se verá afectada. De esto estamos hablando, la metáfora no está demasiado alejada de la realidad.

El error de las miras muy cortas

Se oye comentar por ahí que si se incrementa la financiación dedicada al coronavirus, este dinero se sacará de la ciencia dedicada a otras areas biomédicas o de otros campos del saber. Craso error. Miras muy cortas. La investigación del covid-19, de agentes similares y de la virología como disciplina merece un paquete presupuestario adicional que no puede salir ni de la investigación ni de la educación ni de la sanidad. Sean tan amables de mirar hacia otra parte, por favor. Destinemos el dinero adecuado para aquellos expertos en el tema de acuerdo a sus trayectorias y sumemos el esfuerzo de otros investigadores que desde su área de valía pueden aportar valor adicional, como podrían ser la genómica, la bioinformática o la nanotecnología. Apreciemos también la labor de los epidemiólogos, que hasta ahora eran vistos como investigadores un poco de segunda categoría. No debemos olvidar que la relación entre tabaco y cáncer de pulmón y entre papiloma virus y cáncer de cérvix debe mucho a los epidemiólogos, solo por poner un par de ejemplos.

También sería importante que la immediatez de un problema grave, no nos deje ver la immensa magnitud del bosque. Cuando en oncología, los primeros genes que llevaban los virus se descubrió que originaban cáncer, se pensó que todos los tumores tenían origen vírico y se construyeron grandes centros de virología del cáncer en Estados Unidos. Hoy sabemos que solo un 20% de tumores humanos están en cierta forma relacionados con un virus, así que la mayoría de aquellos institutos languidecieron y tuvieron que reconvertirse. Pero tampoco nos pasemos ahora al otro extremo creyendo que si logramos medicamentos más efectivos y una vacuna para el año que viene, pues todo está hecho. Ni pensarlo.

Puede haber más virus. Nuevos agentes que con la globalización se escapen de sus reconditos hábitats y se lancen sobre una población desprevenida, es decir, no immunizada. Y con una tasa de mortalidad superior a la del actual coronavirus. Por eso debemos estar atentos. Reforzar las investigaciones y colaboraciones a nivel internacional para detectarlos cuando aún están restringidos en ciertas zonas. Tener preparado el personal humano y los medios para dar una respuesta efectiva. Hacer comprender que, como en tantas cosas, el progreso de la humanidad va asociado a los descubrimientos científicos. A una ciencia que a veces es básica, otras es clínica y muchas veces está entre ambas, la llamada investigación translacional. Como el hámster, almacenemos alimento científico para cuando necesitemos deglutirlo.

Y todo ello sin descuidar todos los otros retos de salud que se nos vienen encima. Desde bacterias resistentes a la mayoría de antibióticos a tumores donde se ha avanzado poquísimo como los de páncreas o cerebro. Desde niños que nacen con enfermades minoritarias que les impiden llevar una vida plena y solo podemos hacer tratamientos paliativos a qué sucederá en la sociedad envejecida del mundo occidental con una gran incidencia de una enfermedad incapacitante como el alzhéimer y aún sin ningún tratamiento. Como siempre la solución vendrá de la investigación y para ello debe incrementarse su financiación significativamente. Cuídense.