26 oct 2020

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Dos miradas

La Gran Vía de Madrid el pasado 2 de abril.

DAVID CASTRO

Una de las coincidencias de los análisis de estos días, apresuradas, incompletas, es que lo de ahora -oceánico, indescriptible- es un aviso. Podríamos decir que es la lectura positiva de la pandemia

Empezamos a pensar cómo será el día después de la pandemia. Lo hacemos por varios motivos. Porque tenemos la necesidad vital de pensar efectivamente en un final. El amigo Salvador Macip, en estas mismas páginas, decía que en un par de años habremos olvidado el coronavirus porque ya no afectará al estilo de vida, pero, añadía, "no estará erradicado". Conviviremos con él y muy probablemente vendrá otro, dicen los expertos. También pensamos en el final, en un final, porque se nos presenta como un pozo negro y muchas veces tememos lo peor. Cada uno aplica a "peor" las características propias con que dibuja un futuro arisco.

Una de las coincidencias de los análisis de estos días, apresuradas, incompletas, es que lo de ahora -oceánico, indescriptible- es un aviso. Podríamos decir que es la lectura positiva de la pandemia, porque el aviso implica tener a mano una información para vivir advertido. Es decir: una alarma no es un incendio, sino que nos habla del humo. Más adelante, puede que las llamas hayan quemado las alarmas. En cualquier caso, como dice el Eclesiastés en el epígrafe titulado "La limitación de los humanos", nuestra vida es huidiza y la atravesamos como una sombra.