Al contrataque

Sicofantas 2.0

Resulta que en la Atenas de hace 2.500 años lo que hoy llamamos 'haters' (odiadores) recibían el nombre de sicofantas, y eran calumniadores profesionales

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Imagen del logo de Twitter.

Imagen del logo de Twitter. / AFP

Nunca hubiera imaginado que pasar por un trance como esta pandemia nos conectaría con la Grecia antigua; pero es algo muy bueno que tiene la historia: permite demostrar que el cartero siempre llama dos veces. O doscientas. Resulta que en la Atenas de hace 2.500 años lo que hoy llamamos 'haters' (odiadores) recibían el nombre de sicofantas; que dicho así parece el nombre de un grupo musical o el anuncio de un refresco, pero no: eran calumniadores profesionales, gente a la que se pagaba dinero para que lanzasen mentiras e infundios de todo tipo, casi siempre por rivalidad política. O ideológica.

A Sócrates, por ejemplo, en el juicio más famoso de la Grecia clásica, le acusaron sicofantas tradicionalistas, una suerte de los abogados cristianos de ahora, pero en el siglo IV antes de Cristo. Y le acabaron ejecutando, acusado de corromper a los jóvenes y de no respetar a los dioses. Ha tenido más suerte el actor Willy Toledo.

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Me acordé el otro día de los sicofantas cuando un responsable policial cifró en un millón y medio las cuentas falsas detectadas en las redes sociales a través de las que se difunden bulos, mensajes de contenido ultraderechista y teorías conspiranoicas para generar pánico, confundir al personal… y desgastar al Gobierno, desde luego. Claro que esto último también lo hacen a cara descubierta y sin ningún pudor una pléyade de voces de la (ultra) derecha política y mediática que parecen estar buscando desesperadamente su revancha del 11-M.

Cuando pase este vendaval, es seguro que Pedro Sánchez y sus ministros serán sometidos a examen, y posiblemente lo suspendan. Pero no creo que un ataque de amnesia nos haga olvidar algunas de las canalladas que hemos visto estos días. Incluido, por cierto, aquel repugnante eslogan del 'España nos mata'. Quico Pi de la Serra escribió en 1977 –el año de los Pactos de La Moncloa– una canción que vale para la Grecia clásica, para la Transición y para la España posmoderna: "'Si els fills de puta volessin, no veuríem mai el sol…'"