OPINIÓN

La Europa que olvida su historia

Los nazis ganaron gracias a los bulos y los chivos expiatorios.

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La Europa que olvida su historia

Marie Yahoda es una de las sociólogas feministas más importantes del siglo XX. Su estudio 'Los parados de Marienthal' (escrito con Paul Lazarsfeld Hans Zeisel) es una piedra fundacional de la moderna sociología del trabajo. El estudio, que se lee como una novela, describe la vida al límite de la supervivencia de los obreros parados en la antaño próspera comunidad de Marienthal (Austria).

En 1936, Yahoda fue detenida en Austria, acusada de haber creado una red de resistencia antinazi (era verdad) y condenada a muerte. Debido a las protestas de la comunidad internacional se le conmutó la sentencia, pero se le obligó a abandonar Austria, su trabajo y su familia. En EEUU, Yahoda continuó con una interesantísima carrera como psicóloga y socióloga.

La escritora alemana Irmgard Keun escribió un libro fascinante que narra la vida cotidiana en la República de Weimar, en el que se describen las durísimas condiciones de los parados de Berlín: 'La chica de seda artificial'.

Los libros que he citado retratan la Alemania prenazi. El paro omnipresente había dividido a la clase obrera en dos grupos polarizados: los comunistas, y los activistas de extrema derecha. El partido Nacional Socialista Obrero Alemán les convenció de que las causas de sus desgracias eran: Europa (los acuerdos de Versalles), los judíos, los gitanos (los extranjeros, los diferentes, los no alemanes), las feministas y los homosexuales. La razón del paro generalizado fue la onda expansiva del crack del 29, pero fue mucho más fácil convencerles de que la culpa la tenía un chivo expiatorio que enzarzarse en intricadas explicaciones sobre la economía global.

Existía un movimiento feminista muy potente y fructífero en Alemania, formado en el periodo  Wilhelmino (1888–1918) y vigente hasta que llegaron los nazis al poder, cuando Hitler desmanteló la  Bund Deutscher Frauenvereine (BDF), la federación de asociaciones de mujeres alemanas.

Durante el régimen nazi se quemaron y prohibieron los libros de Keun, Yahoda, Lou Andreas SaloméHelen Lange, Clara Zetkin, y otras muchas pensadoras feministas; se promovió la 'Deutschen Mutter' obediente a su marido; y se creó la Cruz de Honor de la Madre Alemana para las madres arias numerosas. A los homosexuales se les etiquetaba de «degenerados» y se les enviaba a campos de concentración.

En 1932 se celebraron dos elecciones en Alemania y ambas las ganaron los nazis, pero sin mayoría absoluta. Como no se podía formar gobierno, el presidente de la República, Von Hindenburg, nombró unilateralmente canciller a Hitler.

En febrero de 1933 se incendió el Parlamento alemán,  los nazis acusaron al Partido Comunista, y articularon una gran campaña de propaganda, trufada de bulos. Si leen otro excelente libro, las memorias de Albert Speer, ministro de Armamento y Guerra del Tercer Reich, verán como todo el aparato nazi dependía de su propaganda, en la que se seguía a rajatabla la frase de Joseph Goebbels: «Una mentira muchas veces repetida se convierte en verdad».

Gracias a esa campaña, el partido nazi ganó las elecciones de marzo de 1933 con mayoría absoluta, y aprobóla ley habilitante que convirtió a Hitler en dictador. Ahora hay consenso entre los historiadores en que los nazis quemaron el Parlamento.

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Los paralelismos con la actualidad se los dejo a ustedes encontrarlos, porque no tengo espacio para más y porque me fío de la inteligencia de mis lectores.

Y espero que recuerden que, cuando una nación olvida su historia, está condenada a repetirla. Y que Europa es una nación de naciones. 

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