La gestión de la crisis

Política en pandemia: más democracia frente a la indignación

Desde el principio del episodio, el tratamiento de los 'hooligans' de cada lado (o de los múltiples lados) de las actuaciones públicas ha sido infame

Se lee en minutos
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el pleno de prórroga del estado de alarma en el Congreso, este jueves. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el pleno de prórroga del estado de alarma en el Congreso, este jueves.  / EFE/ Mariscal (EFE)

No me gustaría estar en la piel de ninguno de nuestros gobernantes. No querría para nada del mundo ser Alba Vergés o Salvador Illa, Quim Torra o Pedro Sánchez, Pablo Iglesias o Nadia Calviño. Gestionar una pandemia de estas magnitudes, sin los recursos ni la información que serían deseables, es una tarea numantina. También es de alta complejidad el trabajo de asesores y expertos que están intentando aportar datos y evidencias científicas en tiempos de incertidumbre. Conocimiento técnico en epidemiología y virología, en economía o políticas sociales para poder ayudar a gestionar mejor el ahora y el mañana. El tiempo corre en su contra.

Desde el principio del episodio, el tratamiento de los 'hooligans' de cada lado (o de los múltiples lados) de las actuaciones públicas ha sido infame. Como si las decisiones se tomaran por maldad, simplemente para joder... En una situación de enorme conmoción social, nos iría a todas mucho mejor un poco de serenidad. Y no solo por ética personal. Las colectividades necesitan de amplias dosis de confianza para poder salir adelante. La exaltación de una suerte de activismo de la indignación (a veces partidista, otras ni eso) nos fragmenta y aísla como comunidades. Para poder hacer frente a los grandes retos en un marco democrático se requiere de implicación social que la antipolítica destruye ¿Cómo vamos a poner nuestro grano de arena si vemos conspiraciones y psicópatas por todos lados?

Te puede interesar

Eso sí, reconocer la entrega y buena voluntad de nuestras autoridades en la gestión de la crisis no les exime de la crítica. Exigir ponderación y respeto en el debate público no quiere decir extender un cheque en blanco. Precisamente, una salida democrática a la situación actual solo puede pasar por la deliberación y, si es el caso, el disenso (técnico, político, ciudadano). Como siempre recuerda Joan Subirats: frente a problemas complejos, soluciones complejas. Se requiere más que nunca de miradas calidoscopias, de acumulación de conocimientos, de múltiples debates éticos y normativos. Y alerta para navegantes: no vale el “cuando pase todo, ya haremos una evaluación”. En el mismo 'proceso a' también puede haber cambios, modulaciones o adaptaciones de las medidas.

Pero para todo ello los y las ciudadanas necesitamos de información. Y esta escasea. De los representantes públicos esperamos datos y argumentaciones más que mensajes ingeniosos. Antes de tomar decisiones drásticas (como decretar un estado de alarma, ordenar un confinamiento, implementar un 'lockdown' o cerrar una zona geográfica) los y las dirigentes han contado, todas sin excepción, con múltiples informaciones y consejos expertos. Para una mayor implicación ciudadana no los escondan o minusvaloren. Va a ir todo mejor si conocemos las razones de las medidas adoptadas (o no adoptadas). Podremos estar más o menos de acuerdo, podremos opinar sobre ellas, pero entenderemos el porqué. Será más fácil que sigamos las indicaciones pensando en el bien común y no en la obligación o el castigo. En definitiva, más conversación pública para que las medidas sean eficaces pero también porque en este episodio nos estamos jugando la calidad democrática de nuestro futuro.