08 ago 2020

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Una Pascua diferente

Monas de chocolate en un escaparate.

ARCHIVO / JORDI COTRINA

La mona confinada

Imma Sust

La pastelera de mi barrio, la Tere, se levanta cada día, abre su pequeño negocio y se encuentra con este 'walking dead' que es el mundo B. Solo por eso, se merece que todo el barrio le vaya a comprar la mona

Vivimos en un eterno domingo. Nos da igual si es viernes, lunes o sábado. Todos los días son iguales. ¿Pero qué pasa con las fiestas populares? Yo soy partidaria de cargarme algunas cuando volvamos al mundo real. Me quedo con el Sant Jordi y me cargo al Black Friday. Este nuevo mundo que nos espera como si fuera una hiena punto de comernos, yo le llamo mundo C. Antes vivíamos en el mundo A, ahora estamos en el B y cuando nos dejen salir, nos encontraremos el mundo C.

Y llega la Semana Santa. Somos muchos los que nos emocionamos estos días haciendo la mona para nuestros ahijados. Yo me lo tomo como un reto y cada año me supero más. Pero este 2020 la cosa pinta diferente. Para empezar, mi sobrino no me verá. La mona llegará a su casa como por arte de magia y nos tendremos que conformar con sentir la emoción a través de la pantalla. Solo hay una cosa que no voy a hacer. ¡La mona! Sí, me han leído bien. Primero porque salgo a comprar una vez cada 10 días y segundo porque no queda harina ni huevos en ningún sitio. Lo podría buscar por internet, es verdad. Pero unos de los propósitos que me he marcado para el nuevo mundo, y que ya estoy empezando a practicar en este, es comprar siempre en los pequeños comercios del barrio.

Adiós grandes superficies y adiós supermercados. ¡Hasta aquí! Y voy a empezar con la mona, que me la hará la pastelera de mi barrio, la Tere. Una mujer que se levanta cada día, abre su pequeño negocio y se encuentra con este 'walking dead' que es el mundo B. Solo por eso, se merece que todo el barrio le vaya a comprar la mona. Y lo que yo antes compraba en el súper, ahora lo compro en la tienda 'eco' en la esquina. ¿Qué no le quedan huevos? Pues esa semana no se comen huevos. Si algo me está enseñando este nuevo mundo es que nada es para tanto. ¡Que tengan una buena mona confinada! Disfrútenla y den gracias a la vida de que exista internet. Si nos falla esto, entonces si que el mundo se convertirá en Z. Me horrorizo solo de pensarlo.