05 jun 2020

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AL CONTRATAQUE

Varias personas con mascarillas hacen cola para entrar en un supermercado de Barcelona.

FERRAN NADEU

¿Me gustaría que dejásemos de sentirnos protagonistas de una película apocalíptica de Hollywood y que volviésemos a ser personas normales, o al menos de una película europea

El lunes regresó Toni Clapés a la radio. Me avisó un amigo, yo ya casi he dejado de leer los periódicos y de ver los noticiarios, no quiero saber nada más del coronavirus, cuando encuentren una vacuna que me avisen.

No quiero saber los sentimientos íntimos de nadie más al respecto, no quiero saber a qué dedican las horas ni lo que cocinan, no quiero más artículos de ciencia ficción sobre cómo será el mundo después de esto (no lo saben, no lo sabemos, necesitamos tiempo, pensar, ver, un poco de distancia), no quiero leer ni una palabra más sobre la conveniencia de las mascarillas, si al menos fuesen antifaces, pero son tan feas.

El otro día iba por la calle y una señora me interpeló por qué no llevaba mascarilla, me paré amablemente a explicarle que no son obligatorias y que, aunque lo fuesen, no era asunto suyo lo que yo hiciese o dejase de hacer, también me entraron unas ganas terribles de decirle aquella frase que le he escuchado alguna vez a Juan Marsé: “Si se aburre, señora, cómprese un loro.” Pero me controlé. Ella iba embutida en una especie de escafandra. Afortunadamente, un caballero que pasaba por allí se detuvo para darme la razón. No quiero saber cómo mueren (malamente) los abuelos, ni cómo estudian (malamente) los niños, ya lo he visto, ambas cosas en primera persona.

Me gustaría que dejásemos de sentirnos protagonistas de una película apocalíptica de Hollywood y que volviésemos a ser personas normales, o al menos protagonistas de una película europea.

Uno de los grandes

Imaginen pues mi alegría al enterarme de que Toni Clapés había regresado. ¡Uf! Pensé ¡Por fin! ¡Qué alegría! Una buena noticia y una noticia que además no tiene nada que ver con el coronavirus. Una voz cálida, inteligente, divertida, nada encantado de haberse conocido, anti rollista y anti-moralista, poco o nada dado a los discursos heroicos sentimentales. Uno de los grandes. Si me lo pidiese él, incluso me pondría el antifaz, perdón, la mascarilla. “Benvingut, Sr. Clapés”.