05 jun 2020

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Reto comunicativo

Pedro Sánchez, en la reunión del comité científico de seguimiento del coronavirus, en la Moncloa, el sábado.

MONCLOA / BORJA PUIG DE LA BELLACASA

El efecto narcótico de la información

José A. Sorolla

La pandemia del coronavirus es un reto para los medios de comunicación. No solo por el esfuerzo informativo, que en gran parte debe hacerse mediante el teletrabajo, sino porque han desaparecido las otras noticias y todas las secciones están dedicadas a la pandemia (internacional, política, economía, sociedad, deportes, cultura).

Es inevitable que ocurra así, pero con el tiempo se produce el efecto narcótico de la información. Ello es especialmente cierto en los telediarios. Las noticias y los reportajes dejan de seguirse porque la información necesita la jerarquía para ser comprensible y atractiva, y el público desconecta ante la saturación informativa, que comporta que ya no se distinga lo importante de lo intrascendente, lo relevante de lo anecdótico. Si todo es importante, nada es importante. Ese es el efecto de la falta de jerarquización de las noticias. La inundación informativa produce al mismo tiempo una proliferación de noticias especulativas, que solo tienen el efecto de confundir al receptor.

Aún se puede apreciar otro efecto desolador. Mientras todos los espacios informativos están lógicamente acaparados por el covid-19 y sus trágicas consecuencias, seguimos dando valor informativo a las tonterías de Laura Escanes, Cristina Pedroche o Kim Kardashian y de los participantes en 'Supervivientes', que, por cierto, siguen en Honduras como si nada. Tampoco hemos desterrado el 'clickbait', el titular anzuelo, que es un insulto a la inteligencia y al periodismo, y que no es ningún titular porque, en lugar de desvelar lo oculto, oculta lo sustancial.

La calidad de la información ha sufrido asimismo por las ruedas de prensa telemáticas con las preguntas filtradas por el secretario de Estado de Comunicación, modalidad que afortunadamente ya se ha modificado, aunque la rectificación no basta para olvidar el monumental error cometido. También son un error de comunicación las comparecencias de Pedro Sánchez, excesivamente largas, repetitivas, muchas veces sin novedades. Bienintencionadas, pero con efecto narcótico.

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