27 oct 2020

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La búsqueda de la inmunidad

Una científica trabaja en un laboratorio donde se investiga para dar con una vacuna contra el coronavirus.

REUTERS / BING GUAN

Este virus ya no se irá

Salvador Macip

Mientras no dispongamos de una vacuna, seguirá infectando a gente, cada vez a ritmo más lento porque habrá más personas resistentes

Mientras vivimos inmersos en esta pandemia, ahora en plena fase de un confinamiento necesario que se nos está haciendo muy largo, el tema que más nos preocupa es cuándo podremos salir de casa y volver a hacer vida normal. Algunos incluso temen que esta normalidad no se recupere nunca. Para responder a estas preguntas y empezar a pensar en cómo será el mundo poscrisis, hay algunas cosas relacionadas con la naturaleza de los virus que hay que tener presentes.

Un brote inicial se convierte en epidemia y, después, en pandemia si la posibilidad de contagio es muy elevada. Esto es más probable que ocurra cuando hablamos de un microbio desconocido, porque todavía nadie es inmune. Cuando un virus nos entra por primera vez en el cuerpo, se genera una respuesta que incluye la producción de anticuerpos para neutralizarlo. A partir de ese momento, las células que los fabrican quedan 'entrenadas' y pueden responder más eficazmente si este virus u otro de similar vuelve a infectarnos, evitando así que nos pongamos enfermos. Esto es lo que llamamos inmunidad. Esta misma respuesta se puede conseguir con una vacuna, y así te ahorras sufrir los síntomas de la infección y los riesgos que conllevan, pero el proceso de obtener una es largo, y difícilmente llegará a tiempo para detener el primer brote de una enfermedad nueva.

La inmunidad de grupo

Aquí entra en juego el concepto de la inmunidad de grupo. Cuanto más gente inmune al virus hay, más dificultades tiene a la hora de propagarse, hasta que llega un momento en que solo puede dar brotes localizados y se termina el riesgo de que continúe la pandemia. Dependiendo de las características de cada virus, puede ser necesario que haya de un 70% a un 90% de la población con anticuerpos para alcanzar esta preciada inmunidad de grupo y lograr que el virus deje de ser un problema global. Esto ha pasado docenas de veces a lo largo de la historia de la humanidad, no es nada nuevo. El sarampión, la polio, la rubeola y la viruela, por poner ejemplos bien conocidos, son enfermedades que también causaron pandemias y que hemos ido controlando gracias a haber desarrollado inmunidad de grupo contra los virus responsables, sobre todo a través de vacunaciones masivas.

¿Qué pasará con la covid-19? Que la causa ya no se irá: seguramente lo tendremos con nosotros para siempre, como aún tenemos el virus del sarampión, la gripe y tantos otros. Mientras no dispongamos de una vacuna, seguirá infectando a gente, cada vez a un ritmo más lento porque habrá más personas resistentes. Esto es importante, porque recordemos que uno de los principales problemas es la saturación de los hospitales, que se da cuando hay demasiados casos juntos, lo que impide tratar de forma adecuada los enfermos graves y de hecho aumenta la mortalidad. Así pues, una vez superemos esta primera ronda de infecciones, que durará unos meses, ya tendremos mucho ganado. Por eso es esencial ahora conseguir que el número de casos se espacien y no lleguen todos a la vez a urgencias, y la única manera que tenemos de hacerlo es a través del confinamiento.

Pero después tampoco podremos bajar la guardia porque, recordémoslo, el virus todavía estará circulando. Tendremos que vigilar los rebrotes y, al menos durante un tiempo, tendremos que limitar ciertas actividades de riesgo, como pueden ser los viajes de larga distancia o los actos multitudinarios. Hay expertos que creen que puede pasar al menos un año hasta que podamos estar tranquilos del todo (dependerá en parte de cuánto tarde la vacuna). Mientras tanto, posiblemente se mantendrá un ritmo más lento de contagios en rondas sucesivas, y así el número de personas inmunes irá aumentando poco a poco. Pero esto, por desgracia, tendrá un precio. Algunas estimaciones calculan que se podría infectar entre un 50% y 70% de la población mundial y que, si asumimos que la mortalidad del virus está en torno al 1%, podría causar unos 40 millones de muertos.

¿Qué pasará después? Seguramente en un par de años nos olvidaremos del SARS-CoV-2 porque ya no nos afectará el estilo de vida, pero el virus no estará ni mucho menos erradicado. Parece que no tiene capacidad de variar rápidamente, lo que querría decir que la inmunidad que genera podría durar meses o años, quizá incluso para siempre, porque los anticuerpos seguirán reconociéndolo. Pero esto es difícil de predecir por ahora. Podría convertirse en un virus estacional, como el de la gripe, que vuelve cada temporada y, aunque no solemos hacer mucho caso, mata a alrededor de medio millón de personas al año. Sea como sea, la crisis pasará, pero este coronavirus se quedará con nosotros. Mejor que no lo perdamos de vista.