Las políticas ante la epidemia

Ciencia en tiempos de crisis

Las recomendaciones científicas son un elemento esencial de la toma de decisiones políticas pero no las pueden suplantar completamente

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Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, explica la curva del coronavirus.

Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, explica la curva del coronavirus. / EUROPA PRESS

Nos encontramos en medio de una importante crisis que tiene una base sanitaria pero que tiene consecuencias económicas y sociales considerables. Para decidir lo que hay que hacer, aquellos que tienen la responsabilidad se dirigen a profesionales que basan su autoridad en el conocimiento científico. En sus discursos los políticos repiten que hacen lo que les recomiendan los científicos. Quizá es cierto que por una vez escuchan lo que dice algún científico, pero las decisiones no son nunca de los expertos, ni lo serán por muchas razones.

Se ha dicho repetidamente que una gran proporción de las decisiones individuales y colectivas que tomamos tienen un contenido científico. Esto no quiere decir nada más que en la mayoría de los casos es importante disponer de un análisis de la realidad lo más riguroso posible y esto es el trabajo de los científicos. Además, la característica esencial de las ciencias naturales es que pueden formular predicciones sobre las que se pueden basar nuestras decisiones de futuro. Pero por un lado, muy a menudo los análisis y las predicciones están basados en suposiciones y en parámetros que necesitan de simplificaciones. Y por otro lado, la realidad es con frecuencia compleja y hay que integrar datos que provienen de diferentes puntos de vista científicos. Por esta razón en cuestiones complejas se pide juicio de comités en los que se debaten las preguntas tratando de integrar los diferentes puntos de vista. Cuando esto se hace bien se puede tratar de consensuar las mejores recomendaciones posibles al tiempo que se explican los grados de incertidumbre que pueda haber.

Los casos de L'Aquila y las 'vacas locas'

Este puede ser un ejercicio complejo y necesita estar acompañado de una comunicación correcta. Cuando en el 2009 se produjo una serie de terremotos en L'Aquila (Italia) el portavoz del comité científico afirmó que todo se había terminado el día antes de la peor sacudida, cuando todos saben que esta predicción es imposible. Esta afirmación llevó a algunos a tomar decisiones equivocadas con consecuencias fatales y a la acusación de homicidio hacia los científicos. En la década de los 90 la aparición de la enfermedad de las 'vacas locas' y su transmisión a los humanos necesitó tomar decisiones en una situación de una enorme incertidumbre científica. El consenso científico con largas discusiones mientras se estaban obteniendo nuevos datos permitió recomendar medidas que se siguieron al pie de la letra y se pudo controlar la extensión de la enfermedad.

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Una vez alcanzado un consenso científico las decisiones políticas tienen que integrar muchos datos. En la situación actual que implica limitaciones importantes en la vida de las personas, hay que medir el grado en el que estas serán aceptadas adecuadamente por la población, lo que es un requisito para que sean seguidas por la mayoría. Hay que medir también los efectos colaterales que se pueden producir. En este caso los efectos sobre la economía son evidentes. Una decisión política debe tratar de ponderar todos estos aspectos con el objetivo de asegurar el máximo de bien común que se supone es el objetivo de la política. Por lo tanto las recomendaciones científicas son un elemento de la decisión política, pero en un sistema democrático no puede ser todo. La ciencia es un elemento esencial de la toma de decisiones democráticas pero no las puede suplantar completamente.

En la situación actual estamos viendo la importancia que tienen las recomendaciones de los expertos y como en algunos aspectos sus opiniones divergen, lo que es parte de la actividad misma de la ciencia. Esta se basa en el respeto de las opiniones ajenas y en su ponderación por el debate y por la aportación de los mejores datos y los mejores criterios posibles. Cómo integrar este ejercicio en la toma de decisiones políticas puede ser difícil y en parte depende de la experiencia que el sistema político tenga. No repetiremos lo que se viene diciendo hace años sobre la necesidad de tener una ciencia fuerte y de calidad y de procedimientos que integren sus resultados en la toma de decisiones. Y también su presencia en las discusiones cotidianas en las que a menudo se deja campo libre a la trivialización. Sería bueno recordar en este momento el espacio que se dio a aquellos que se oponen a la vacunación, por ejemplo. Ahora lo que hace falta es que la investigación y el debate científico se centren en llevar a cabo un buen análisis de la situación y consensuar cuáles son las alternativas y sus efectos. Esto debería ayudar a tomar las mejores decisiones que ayuden a mitigar los efectos terribles que está teniendo la actual epidemia.

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