29 may 2020

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División dentro de la UE

¿Solidaridad europea? No es Bruselas, es Fráncfort

¿Solidaridad europea? No es Bruselas, es Fráncfort

Josep Oliver Alonso

Plantear la ayuda centrándola en los coronabonos es injusto para los centroeuropeos, que comparten riesgos en el BCE, y alienta sentimientos antieuropeos

Desde que la pasada semana fracasó la cumbre, ha regresado el debate sobre si la UE es una entelequia que, finalmente, terminará disolviéndose. Y es indiferente que las propuestas del presidente Sánchez se reformulen como Plan de Reconstrucción Europeo o adopten el calificativo de euro o coronabonos: todo sugiere que, a pesar de la tregua de 15 días que se dio el Consejo, difícilmente va a haber acuerdo en este sentido. Las ayudas van a tener que vehicularse a través del MEDE.

No quisiera entrar hoy en las razones de Holanda o Alemania, junto a Austria Finlandia, en oponerse a la emisión conjunta de deuda. Me parece más sustantivo debatir el alcance de esa pretendida insolidaridad, justamente cuando a lo que estamos asistiendo es a lo contrario.

Circunscribiendo la cuestión a la ayuda que precisan los gobiernos, tengan en cuenta que los que piden la emisión de eurobonos llegan a esta crisis con niveles de endeudamiento público muy elevados: España y Francia en el 98% del PIB, Bélgica en el 100% e Italia en el 135%, por citar solo a los más importantes. Unas cifras muy superiores a las de aquellos que se oponen: Holanda (52%), Alemania (62%), Austria (74%) o Finlandia (59%). Añadan a ello que las ayudas a empresas y ciudadanos para mitigar la crisis, el aumento del gasto en desempleo y el hundimiento de la recaudación fiscal van a elevar substancialmente el déficit (en el 2020 y para España podría alcanzar fácilmente el 7/8%), lo que resultaría en una deuda pública que este año podría superar el 105% del PIB. 

Es sobre este trasfondo en el que hay que ubicar lo que se discute. El crecimiento de la deuda debería comportar un aumento del riesgo-país por la creciente posibilidad que, si la economía entrara en una recesión más profunda, parte de ella no pudiera pagarse o debiera reestructurarse. Es lo que le sucedió a Grecia en un par de ocasiones en el 2010-15. En los mercados, ese mayor riesgo se reflejaría en ventas de la deuda menos solvente (la nuestra) y compras de la más sólida (la alemana), con el consiguiente aumento de la prima de riesgo, dificultades para encontrar compradores de nuestra deuda y, lógicamente, aumentos en los tipos de interés a pagar. ¿Resultado final? Crecientes costes financieros, con todas sus negativas consecuencias para las finanzas del Estado, de las empresas y de las familias.

Esta secuencia es la vivida entre el 2010 y el 2012. Pero no es la de ahora. Por el contrario, el Tesoro emitió el pasado 19 de marzo bonos a 10 años a un tipo de interés del 0,751%, inferior al de la anterior subasta y, además, con una demanda compradora que triplicaba la oferta del Tesoro. ¿Qué explica esa paradoja? Ciertamente, no es la solvencia española la que fuerza los intereses a la baja. La razón última de esos tipos es la masiva intervención del BCE de los últimos años que, tras las medidas adoptadas hace pocos días, va a incrementarse todavía más. Para que tengan una idea cabal de lo que ha pasado: en diciembre del 2019, el BCE acumulaba en su balance unos 350.000 millones de deuda del Reino de España, compras que elevaron su precio e hicieron caer los tipos de interés. Y, tras las últimas decisiones, va a adquirir otros 120.000 millones de aquí a final de año. En suma, en diciembre del 2020 el BCE será propietario de unos insólitos 470.000 millones de deuda del país.

Y ahí es donde entra la solidaridad: si alguno de los países de la eurozona tuviera que reestructurar su deuda, las pérdidas que se ocasionarían se distribuirían a escote entre los accionistas del BCE, con lo que cerca del 30% serían absorbidas por Alemania. Eso sí es solidaridad, aunque poco visible: el contribuyente alemán, que se opondría a cualquier eurobono, no muestra la misma dureza ante la intervención del BCE. 

Solidaridad europea, ¿sí o no? Falso debate. La ayuda está ahí, aunque no la perciban así alemanes, españoles o italianos. Pero corresponde a los políticos, en particular en España e Italia, explicar a sus ciudadanos cómo se vehicula hoy dicho apoyo. Plantear esta cuestión centrándola en los coronabonos no solo es injusto para los centroeuropeos, que comparten riesgos en el BCE, sino que alienta sentimientos antieuropeos. Construir Europa implica, también, ser transparentes acerca de lo que es la Unión y sobre cuál es su sostén efectivo. Esta Europa no es, quizá, la que algunos esperaban, pero tampoco estamos solos ante la epidemia. La ayuda del BCE para superar la crisis 2010-12, y también la actual y lo que se adivina, ha sido y es inestimable. No vayamos a confundirnos.