27 may 2020

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La clave

El covid-19 también ha cambiado nuestra relación con la muerte

En el 2018, último dato auditado del Instituto Nacional de Estadística (INE), murieron una media de 1.172 personas al día en España. Murieron en silencio. Nos ocupamos solo de los asesinados o, como mucho, de los accidentados en la carretera. Este lunes, solo a consecuencia del coronavirus, murieron 812 personas en España. Murieron solos. Pero ocuparon las alertas de los medios digitales y los titulares de las radios, las televisiones y los medios de papel. El covid-19 también ha cambiado nuestra relación con la muerte. La hemos sacado de los escondrijos donde la tenemos recluida habitualmente, ese circuito aséptico que va de las uci a los tanatorios, sin apenas contacto con los cadáveres. Ahora hablamos de los muertos, permanentemente, y nos lamentamos de no poder acompañarlos, ni tocarlos ni besarlos. Cosa que no hacíamos cuando nos dejaban. Pero el confinamiento nos ha puesto cara a cara con nuestra libertad, y hemos experimentado que no es lo mismo estar todo el fin de semana en el sofá voluntariamente que obligadamente, no es lo mismo en nuestra mente que es donde anida la realidad vivida, no la narrada.

La muerte es el trasfondo de este confinamiento masivo. Nos guiamos por el pánico a morirnos, pero decimos que nos quedamos en casa para que no se mueran otros. ¿No valdría ese planteamiento para los periodos sin epidemias? Estos días nadie muere en las carreteras porque el tráfico ha disminuido un 90%. El aire de nuestras ciudades es más respirable y, posiblemente, muere menos gente por la polución. ¿Por qué no confinar los coches para evitar esas muertes cotidianas? En el fondo, la diferencia es que en la pandemia puede morir cualquiera, mientras que habitualmente pensamos que serán otros los que morirán. ¿Quién puede decidir la muerte de otro? Nos escandaliza que un médico, esta semana, se encuentre en la disyuntiva de elegir a quién le pone un respirador. Pero, ¿no estamos cada día decidiendo la muerte de otros o nuestra propia muerte ejerciendo nuestra libertad? El coronavirus lo altera todo. También nuestra relación con la muerte que ha pasado a primer plano, a ser la prioridad, también económica, porque con la pandemia no estamos tan seguros de que los muertos sean siempre los otros. 

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