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Frases huecas

¿Estamos seguros que esta crisis nos va a hacer mejores personas como dijo alguien hace unos días?

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Frases huecas

LEONARD BEARD

Nunca se sabe cómo empiezan estas cosas. Probablemente alguien, poniéndose poético, escribe una frase que le parece adecuada y profunda. Y luego, como pasa siempre, otros le dan la razón y empiezan a imitarle. Seguro que, en este caso, las cosas ocurrieron también así.

Debió ser hace unas tres semanas. Un ser humano aburrido y con ganas de ser considerado sensible, dijo en algún medio de comunicación que esta pandemia terminará haciéndonos a todos mejores personas. Y claro, eso emocionó muchísimo, porque estas frases vacías llegan mucho a todo el mundo y, sin saber muy bien por qué, terminamos todos creyéndolas.

Pero, ¿estamos seguros? ¿En qué nos basamos para afirmar algo así? ¿Ha ocurrido, acaso, otras veces después de una tragedia? Yo creo, honestamente, que no, porque de ser así la raza humana sería, a día de hoy,  un conjunto de virtudes.

¿En qué mejoramos después de la gran peste que arrasó a media humanidad? ¿La primera guerra mundial nos convirtió, de golpe, en mejores personas? Yo diría que no, porque años después nos llegó la segunda, y nuestras almas no se colmaron de cosas preciosas.

Afirmar que esta pandemia del coronavirus logrará mejorarnos, muestra un bonito deseo, eso sí, pero desgraciadamente no tenemos datos para creer que eso ocurrirá. De hecho, esos datos apuntan en sentido inverso: no, seguiremos como somos, ni mejor ni peor, con nuestras maravillas y nuestras tremendas tonterías.

¿Y qué me dicen de esas personas que aseguran aprovechar estos días de confinamiento para intentar conocerse mejor a sí mismas? Normalmente, esa afirmación no revela las ganas que tienen de conocerse, sino el deseo de que nosotros las conozcamos. Y el resultado, como no podía ser de otro modo, casi siempre es ejemplar. Tras inspeccionar su alma, esos seres introspectivos, descubren que, oh, sorpresa, son personas extraordinarias. Y así nos lo hacen saber a toda prisa.

Me encantaría que alguien, tras dedicar estos días confinados a bucear en su alma, descubriera, aterrado, que es un ser humano espantoso. ¿Se lo imaginan? Y que, además, nos lo dijera: «He estado analizando mi alma y, tras varios días de profunda reflexión, he llegado a la conclusión de que, como persona, soy una mierda de los pies a la cabeza». No, eso no ocurrirá, aunque no me negarán que sería gracioso. Los que se esfuerzan en conocerse solo quieren que les conozcamos. Y que les admiremos.

Queridos lectores de EL PERIÓDICO, aprovechen estos días para conocer a los demás y dejen de observar tan atentamente su propia alma, porque seguramente ya se la saben de memoria.

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Eso no les hará mejores personas, pero al menos estarán más entretenidos, porque los demás son siempre más interesantes que nosotros mismos.

Y, dicho esto, solo me resta enviarles un abrazo. Este tiempo escribiendo para ustedes ha hecho que, sin conocerles, les haya cogido algo de cariño. Ánimo, amigos. No se puede decir otra cosa en estos días tan raros.