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Días extraños

Encuentro un foro en el que se comparten vídeos de los paseos que realizaba la gente. Hay paseos por la playa en Hawai, por embarcaderos en Seul, por las calles de San Francisco

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Un dragón de Komodo del zoo de Barcelona

Un dragón de Komodo del zoo de Barcelona / FERRAN NADEU

En estos días obsesivos en los que el punto muerto se ha instalado como material anímico primordial, algunos avanzamos pasillo arriba, pasillo abajo con la intención de sentir que algo se parece a algo conocido, que hay un referente mínimo de normalidad. Yo camino ocho, nueve, diez kilómetros. Actividad esencial, que le dicen.

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En estos días que los niños (y los adultos) están encerrados y no aguantan ver una película por la duración, los nervios, y el agotamiento, en estos días en que navegar por internet ejerce de placebo y agujero negro a partes iguales, encuentro una nueva actividad que me hipnotiza, quizás por lo que implica, por su nuevo significado. Encuentro mientras deambulo por donde puedo un foro en el que se comparten vídeos de los paseos que realizaba la gente por parques, jardines y playas. Hay paseos por la playa en Hawai, paseos por embarcaderos en Seul, paseos por las calles de San Francisco. Ahora se comparten más que nunca. Algunos prometen interacciones sociales, otros exclaman “paseo con POV”, con punto de vista, el paseo como nueva pornografía, el paseo como deseo carnal inalcanzable. Inmediatamente me viene a la cabeza 'Días extraños', la película de Kathryn Bigelow, en la que los recuerdos felices, propios o ajenos, son almacenados y disfrutados como si fueran opiáceos en días menos agradables.

La normalización de la vida en cápsula genera sociabilidades distintas, constelaciones menos azarosas. Las amigas de la infancia vuelven y recuperamos hábitos que permanecían dormidos, como recuerdos. Hemos creado un ciclo de cine musical sin saberlo: un día una vio 'Les Girls', al día siguiente otra vio 'Brigadoon' y la tercera 'West Side Story'. Nos asomamos a nuestras películas de la infancia como los lagartos se acercan al sol. Por cierto, dicen que una parte de nuestro cerebro permanece intacta desde que fuimos reptiles y por eso los humanos nos tumbamos a absorber los rayos solares cuando hace buen tiempo. En eso pienso justo antes de ponerme un vídeo en Youtube el que se oyen las olas del mar.

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