27 sep 2020

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Editorial

Cómo acabar el curso

No perder este curso será una prioridad, pero también hacerlo con la mayor consideración hacia las familias en precariedad tecnológica

El Periódico

Imagen de archivo de un comedor vacío en una escuela 

Imagen de archivo de un comedor vacío en una escuela  / EUROPA PRESS

Dos semanas después del cierre de los centros educativos, el ‘conseller’ d’Ensenyament, Josep Bargalló, aseguraba que «este no es un curso perdido, pero no es un curso normal». La anormalidad es evidente y, en función de los acontecimientos, podría también barajarse la posibilidad que no se retomaran las clases presenciales. Las circunstancias varían día a día y es imposible prever qué va a pasar después de Semana Santa.  Ante este panorama, el objetivo principal de la comunidad educativa es intentar mantener el hilo docente y tensarlo, para no perder el contacto con el alumnado, a partir de los instrumentos telemáticos que hoy están a disposición de la educación.

Las problemáticas son muy diversas, tantas como etapas tiene el ciclo educativo. Van desde las propuestas pedagógicas de primaria, los trabajos competenciales en secundaria, la preparación del bachillerato destinada a una selectividad que ya se ha aplazado a julio, la dilación de las prácticas en FP, o, en otro orden de cosas, el ‘e-learning’ en las universidades. La idea del departamento es «dar continuidad al aprendizaje en términos de equidad y calidad», y para ello ha elaborado un Pla d’acció de centres educatius en línia, que cuenta con distintas plataformas y portales, o canales de televisión, para la enseñanza a distancia. Cada centro, además, en función de su propia dinámica, establece vías de comunicación con los alumnos, desde el correo electrónico a instrumentos como el Class-room u otros tipos de dinámicas participativas e innovadoras que permiten, como mínimo, mantener aquello que los expertos aconsejan: una rutina escolar que se parezca, cuanto más mejor, al trabajo normal en el aula.

También está sobre la mesa un debate trascendental: no agrandar la brecha social, porque hay muchas familias en situación de precariedad tecnológica. La posible introducción de clases virtuales, un recurso que se baraja en estos momentos, debe tener muy en cuenta que no todos los hogares tienen internet y no todos tienen ordenadores para toda la familia. No perder este curso será una prioridad, pero también hacerlo con la máxima consideración hacia los más débiles.