24 oct 2020

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Análisis

El presidente con Consejo Europeo, Charles Michel.

DPA / THIERRY ROGE

Sin noticias de Europa

Ruth Ferrero-Turrión

El sur y el norte de la UE se encuentran cada vez más en posiciones antagónicas en cuanto a sus respectivos intereses.

El Consejo Europeo volvió a terminar sin resultados concluyentes para la ciudadanía europea. De nuevo, los estados miembros, o mejor, sus gobiernos, no han conseguido alcanzar un acuerdo. Todavía las sociedades europeas tendrán que esperar más tiempo para ver cómo sus gobiernos adoptan las medidas más apropiadas para enfrentar a las consecuencias sanitarias, económicas y sociales provocadas por la expansión del covid-19.

Lo que ha sucedido en el marco de la UE durante las últimas semanas recuerda a aquellos partidos en los que la selección española de fútbol jugaba al tikitaka, pero no conseguía meter un gol. Del Consejo al Eurogrupo, del Eurogrupo al Consejo y vuelta a empezar. Por el momento, todavía no se ha materializado el tanto esperado para conseguir la victoria. Metáforas aparte, lo cierto es que el sur y el norte de la UE se encuentran cada vez más en posiciones antagónicas en cuanto a sus respectivos intereses.

De poco sirve intentar convencer a los defensores de las políticas de austeridad de que no es posible aplicar las mismas recetas ahora. Primero porque aquellas se lanzaron para enfrentar una crisis naturaleza endógena a los sistemas económicos, segundo, porque su aplicación fue un estruendoso fracaso. Tercero, porque la solución a la pandemia no entiende de fronteras. Por otro lado, tampoco es sencillo hacer entender que la mutualización de la deuda, los coronabonos, puede llegar a no ser comprendida por sociedades como la alemana o la holandesa que consideran que han hecho sus deberes en relación con el control del déficit y que no tienen porque pagar las deudas de otros. Los partidos conservadores están aterrorizados ante la posibilidad de un mayor crecimiento de la extrema derecha sostenido sobre este argumento.

Lo que sucede en el marco de la UE en estos días parece sacado de las tesis sostenidas por Max Weber en 1905 en 'La ética protestante y el espíritu del capitalismo', donde se plantea cómo las sociedades protestantes de raíz calvinista tenían una visión del mundo mucho más racional que las católicas. Un mundo articulado sobre el cálculo y el beneficio económico, donde el bien común dependía de la responsabilidad individual y frente a ellas, las sociedades católicas más comunitarizadas y tradicionalistas. En el debate de fondo, junto a Weber también aparece Darwin y la supervivencia de los más fuertes.

Desde la individualidad, aquellos que consigan superar la pandemia, y desde la colectividad, aquellos que resistan el envite de la crisis socioeconómica que se viene. El periódico 'The Guardian' nos dejaba esta semana un artículo donde achacaba al modo de vida español una mayor propagación del virus. Pocas horas mas tarde su primer ministro, Boris Johnson daba positivo por coronavirus. El 'premier' holandés, Rutte pedía una fiscalización de las cuentas españolas para oponerse a los coronabonos, mientras continúa sosteniendo las teorías de la 'inmunidad del rebaño' en su país. Quizás crea en la brujería como método de contención del covid-19. Entretanto, la unidad de acción europea continua desaparecida.