12 ago 2020

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EN CLAVE EUROPEA

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, participa en una videoconferencia con los líderes de la UE en el edificio del Consejo Europeo en Bruselas, el pasado 10 de marzo.

DPA

Reorientar las prioridades en la UE

Eliseo Oliveras

Rebajas fiscales y recortes en el gasto dejaron a la sanidad pública europea subequipada para afrontar el coronavirus

Las dificultades para importar mascarillas y equipos sanitarios muestran los límites de la globalización

La recesión creada para frenar el coronavirus en la Unión Europea (UE), la elevada tasa de mortalidad y las graves carencias sanitarias en varios países, como España, Italia y Francia, deberían impulsar una reflexión entre los políticos y los ciudadanos que los votan sobre las prioridades económicas y presupuestarias. La UE, una gran potencia con uno de los mayores niveles de bienestar mundial, acumula ya más de 230.000 casos confirmados de coronavirus y más de 14.000 víctimas mortales. Esto representa el cuádruple de los fallecidos registrados oficialmente en China, con una población tres veces superior y con un producto interior bruto (PIB) per cápita tres veces inferior al de la UE.

La sanidad pública de los países con mayor número y porcentaje de fallecidos del virus en la UE, como España, Italia y Francia, se encontraba subequipada e infrafinanciada para afrontar una epidemia después de décadas de anteponer la rentabilidad económica a corto plazo y los intereses privados a los servicios públicos y el bien común. La rebaja de la tributación a las grandes empresas y a las rentas altas ha mermado drásticamente los recursos de los estados. Desde 1981 el tipo máximo del impuesto sobre la renta ha bajado unos 30 puntos porcentuales de media en Europa Occidental, al igual que el impuesto de sociedades, según la OCDE. En España, la banca paga un tipo efectivo de 4,5% sobre sus beneficios, según la Agencia Tributaria.

La política de austeridad de la última década ha acabado de fragilizar la sanidad pública de esos países, mientras que Alemania, que impuso esa política, ha conservado un sector sanitario mejor preparado (28.000 camas de cuidados intensivos y 500.000 camas hospitalarias), como indica su baja tasa de fallecidos. Desbordado por la crisis, el presidente francés, Emmanuel Macron, acaba de anunciar un "plan masivo" de inversión en sanidad tras años de penurias.

Consecuencias mortales

Ahora puede constatarse que la política de recortes y privatización de un servicio esencial como la sanidad tiene consecuencias mortales. El Premio Nobel de Economía Jean Tirole señala que Europa debe invertir en sanidad y en investigación farmacéutica porque el covid-19 muestra que las epidemias mundiales han dejado de ser cosa del pasado y porque la descongelación del permafrost a causa del calentamiento global puede liberar antiguas bacterias y virus de consecuencias imprevisibles. Pero tampoco puede perpetuarse la actual política de que los fondos públicos financien investigaciones que luego se transforman en patentes exclusivamente privadas.

Además de camas hospitalarias y personal sanitario recortados, la epidemia ha atrapado a la UE sin equipos esenciales, como mascarillas, respiradores y material de protección para el personal sanitario, pese a la transmisión televisiva desde principios de enero de la expansión del virus en China y otros países asiáticos. Francia, que disponía en el 2009 de una reserva estratégica pública de más de 1.700 millones de máscaras sanitarias, se desprendió de ella por criterios economicistas. En España, Italia y otros países europeos tampoco existía una reserva por la misma pauta, lo que ha disparado los contagios entre el personal sanitario, que en España representan al menos el 12% del total de afectados por el coronavirus.

Debilidades

La grave carencia de mascarillas en Europa, incluso para el personal sanitario, podría explicar por qué los gobiernos descartaron y denigraron el uso preventivo de mascarillas entre la población para frenar la expansión de la epidemia, pese a su demostrada eficacia en China, así como en países que no han confinado a toda la población, ni paralizado la economía, como Japón, Vietnam y Corea del Sur.

La carencia de mascarillas y otros equipos sanitarios evidencia las debilidades de la globalización y de trasladar la fabricación donde es más barato, incluso de productos vitales, porque en una emergencia esos productos no pueden obtenerse cuando más se los necesita. Un documento interno de la Comisión Europea reconocía el 25 de marzo que los estados europeos solo puede obtener el 10% del material sanitario que necesitan para afrontar la epidemia a través de las cadenas tradicionales de suministro.

La UE parece descubrir de repente que el 90% de las mascarillas se fabrican en China, así como parte de los componentes esenciales para la fabricación de respiradores (válvulas, tubos, material electrónico), y que la producción mundial de estos aparatos está dominada por siete grandes compañías.