10 ago 2020

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PLENO DEL CONGRESO SOBRE CORONAVIRUS

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Pleno de este miércoles sobre coronavirus

EFE / MARISCAL

Respiradores para hoy, un respiro para el mañana

Gemma Robles

España prorroga la alarma en una lucha agónica contra el virus, ansiando la aparición de más material sanitario que salve vidas y medidas acertadas que eviten una ruina

Extraño e inolvidable Pleno en el Congreso el de este miércoles, 25 de marzo de 2020. Por las formas: un reducidísimo número de diputados en el hemiciclo, hasta las tantas, mientras el resto votó desde casa y otros cuantos permanecieron en su hogar en cuarentena, cuando no en el hospital. El coronavirus asuela a una España frágil y semidesnuda y no perdona a los adjudicatarios de los escaños.

Y en el fondo, también sesión plenaria de máxima relevancia. Y dramática: se sometió a examen la prórroga del estado de alarma (decretarla es cosa del Gobierno. Ampliarla, del poder legislativo)  y se puso la lupa en las medidas de urgencia que, a golpe de decreto, va adoptando el Ejecutivo central para intentar poner puertas a lo que, en estos momentos, parece un campo abierto.

Alarmados todos, casi en estado de excepción según palabras de Pablo Casado, al menos hasta después de Semana Santa, todos seguimos la actualidad y los contadores oficiales con escalofríos. Cruzamos los dedos y soñamos con la aparición de respiradores de debajo de las piedras para multiplicar una esperanza que ansiamos, pero que a ratos de entendible y humano desánimo, se nos resiste. 

Una heroicidad injusta

Cuidamos a nuestros enfermos e hijos mientras teletrabajamos la mayoría, hasta donde nos es posible, y aplaudimos a las ocho de la tarde para homenajear a todos aquellos que, por desgracia, ejercen injustamente de héroes. No de profesionales, sino de héroes, porque intentan salvarnos la vida arriesgando la suya sin la protección necesaria. O patrullan las calles, o cuidan a nuestros mayores, o empaquetan nuestra comida, o dispensan nuestros medicamentos.

O hacen su jornada en su lugar habitual de trabajo, pese a la falta de máscaras o guantes suficientes, por pertenecer a un sector que, actualmente, se considera imprescindible. O le dan el último adios, por imperativo legal pero con máximo respeto y sin zafarse de su responsabilidad a los nuestros, a aquellos de los que no podemos despedirnos y lloramos en una dolorosísima distancia decretada e imprescindible para evitar el contagio. 

Contra las cuerdas

De todo eso, de alguna u otra forma, se habló este miércoles en el Parlamento con cara de circunstancias. Pedro Sánchez pidió unidad nacional para ganar tiempo al tiempo. Para vencer a un virus que nos lleva al límite y amenaza con mantener al país, al continente y al mundo contra las cuerdas una buena temporada. Desde la oposición, Pablo Casado le dió el apoyo solicitado para ampliar el estado de alarma y le recriminó, sin grandes excesos, una lenta capacidad de reacción de costes sanitarios, sociales y económicos elevados, según sus conclusiones. Avisó que ya le pasará cuentas por ello pero, por ahora, le instó a no defraudar a los españoles que están en sus manos.

El jefe del Ejecutivo se comprometió a estudiar las propuestas,  numerosas, que los grupos le han hecho llegar. Algunas bastante razonables, según el propio Sánchez. Buena actitud. Porque pintan bastos y se necesitan cientos de cerebros buscando soluciones de urgencia. Hoy urgen respiradores, pero también medidas acertadas que frenen una ruina global y nos permitan respirar cuando la pesadilla termine.