06 abr 2020

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La hoguera

La librería Calders, días antes del pasado Sant Jordi.

JORDI COTRINA

Novelas asesinadas por el virus

Juan Soto Ivars

Hoy cuesta concentrarse, pero hasta en los días desapacibles hay novelas que te sacan del agujero

El virus es sordo y analfabeto: por eso ha cerrado teatros, cines y librerías. Mientras Francia ayuda a su cultura en este momento horrible, a este lado de los Pirineos los músicos tocan gratis por Instagram y los escritores han empezado a regalar versiones digitales de sus libros. Tienen buen corazón y les sobra solidaridad, pero les falta un país que se preocupe por ellos. Se les puede aplaudir, pero no viven del aire. Me permito recordarlo.

La lectura es un privilegio de la paz. Hoy cuesta concentrarse, pero hasta en los días desapacibles hay novelas que te sacan del agujero. Las publicaron editoriales independientes la semana en que la epidemia nos arrebató las ganas de leer, y pienso que debo hacerles justicia. Ahí van, para quien necesite un milagro:

La primera es de Manuel Astur y se llama 'San, el libro de los milagros' (Acantilado). Cuenta la historia de un crimen cometido por Marcelino, un santo tonto que se convierte en ídolo de las multitudes en su huida insensata por los bosques asturianos. El autor está llamando a voces a una sociedad que ha perdido el sentido de la orientación, y marca en sus páginas un camino de regreso a la inocencia. No puedo describir la hermosura de su prosa sin estropearla.

La segunda es de Juan Gómez Bárcena, se llama 'Ni siquiera los muertos' (Sexto Piso), y nos propone un viaje en el tiempo alucinante que comprende toda nuestra epopeya hispanoamericana. Desde el siglo XVI, cuando el protagonista Juan de Toñanes parte a América cazar a un indio escurridizo que se llama igual que él, hasta el muro que Donald Trump ha levantado para separarse de México.

Son, ambas, obras maestras de dos autores que van a pasar más hambre que sus protagonistas. Ofrecer con esta generosidad el fruto del trabajo y el talento justo cuando el erial nos devoraba parece una broma del destino. Por eso os pido que recordéis sus títulos. Que los busquéis cuando abran las librerías. Esa será, por cierto, la señal de que la humanidad ha vencido esta batalla sin perder su nombre.