Monarquía en crisis

El otro virus

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Juan Carlos I, en el ’Bribón’, este jueves. 

Juan Carlos I, en el ’Bribón’, este jueves.  / EPA / PEKKA SIPOLA

El 'corinnavirus' es mortal, la monarquía española está herida de muerte. Es un virus contagioso, el paciente cero, Juan Carlos I, se lo ha transmitido a su hijo, a los servicios secretos -si las alegaciones de Corinna en el ‘Daily Mail’ son ciertas-  y tal vez al presidente del Gobierno, si estaba Pedro Sánchez entre las “autoridades competentes” a las que Felipe VI comunicó, en secreto, los desmanes de su padre, que mantuvo ocultos durante un año. (Si Felipe VI fuera un ciudadano más, podría ser acusado de encubrimiento o de complicidad.) El 'corinnavirus' es una carcoma que ataca a las vigas, a la estructura, a los cimientos; el desplome de una construcción carcomida no puede ser evitado con puntales. ¿Cuántos escándalos más nos esperan? ¿Cuántas actas notariales guarda en un cajón el rey?

Llama la atención que sea la monarquía saudí quien haya pagado al emérito cien millones de euros por supuestas comisiones en el contrato del AVE a la Meca, según la fiscalía suiza. No es bonito que un jefe de estado cobre, de tapadillo, de un gobierno extranjero. Si lo hiciera el presidente del Gobierno, podría ser acusado de traición. Felipe VI, que es tan patriota, sin duda ha tenido tiempo de reflexionar sobre ello durante su largo año de silencio.

En el año 2014 el rey Juan Carlos visitó Arabia Saudí tres veces en un mes, para “empujar un contrato de seis fragatas para Navantia”, y en el 2015, ya rey emérito, tras el viaje oficial a Arabia Saudí de su hijo, voló de nuevo en viaje privado a ese país. Hemos de suponer que su visita no tenía otro objeto que el de estrechar su amistad con sus “entrañables amigos saudís”, esos siniestros sátrapas.

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No sería un desastre, pese a los augurios de los consejeros áulicos. La monarquía es un problema y no solo por el corinnavirus, sino también porque en Cataluña y en el País Vasco es ampliamente rechazada. Una república federal podría ser el principio de una solución.