15 ago 2020

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El sector del libro

Libros y rosas en Sant Jordi 2019.

FERRAN NADEU

Rehacerlo todo

Isabel Sucunza

Lo que ha dejado claro este desastre para el mundo editorial es que si bien primero hay que buscar la manera de pasar este mes, trimestre y año, después nos tendremos que poner las pilas para repensarlo todo

Hace unos 15 días, aunque ya nos temíamos que todo se iba al traste, todavía no había confirmación oficial de que la fiesta de Sant Jordi de este año no se celebraría en su fecha habitual. Desde la librería veíamos cómo distribuidores y editoriales seguían trabajando prácticamente al mismo ritmo que cualquier otro año, como si todo fuera normal: nosotros mismos, dos días antes del cierre general aún recibimos las cajas de libros del pedido que habíamos hecho para una de las paradas que pensábamos montar en la 'diada'.

Pensaba entonces que un poco de determinación por parte de autoridades y de los que nos hacen de intermediarios con ellas a la hora de tomar la decisión de retrasar la fecha, si bien no habría evitado el desastre, habría servido para parar parte del gasto o, por lo menos, para congelarlo: las editoriales se habrían podido tomar con más calma la producción de novedades, habrían podido recalcular el número de ejemplares de cada título, habrían podido frenar las reimpresiones… Las distribuidoras habrían podido ahorrarse un primer reparto que, en muchos casos (muchas librerías no tenemos almacén) tendrán que pasar a recoger para después volverlo a repartir. También las librerías habríamos tenido un margen de días (pequeño, vale) para intentar animar la venta previa al 'día D', salvando así un poco el mes de marzo.

Pasados los días, con las librerías cerradas y Sant Jordi ya anulado sin fecha fijada por mucho que se diga que sí, que se hará antes del verano, pienso que haber podido hacer todo esto habría sido un poco el chocolate del loro. Lo que ha dejado claro este desastre es que si bien primero hay que buscar la manera de pasar este mes, trimestre y año, después nos tendremos que poner las pilas para repensarlo todo.

Decimos que la cultura es una cosa distinta de los bienes materiales entendidos como cosas con las que se puede hacer negocio, pero después se actúa con los libros como si no fueran otra cosa que eso: cosas. Igual que se hace con el trabajo de los que los hacen. Es por aquí, por este primer estadio, por donde tendríamos que empezar a trabajar.