02 jul 2020

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La flexibilización de los ERTE

Trabajadores en la línea de montaje de la fábrica de Seat en Martorell.

NURIA PUENTES

Empresas con alma frente al coronavirus

Antón Costas

Las empresas con alma han de saber afrontar esta pandemia por coronavirus gestionando de forma leal el contrato social con sus empleados

Hay dos pandemias que acechan el ánimo y el sosiego de los ciudadanos y amenazan la confianza de la sociedad española en el futuro. Una es la del coronavirus. Todos la padecemos y nos tiene el espíritu encogido. La otra es la pandemia del miedo a perder el empleo. Se está extendiendo como un verdadero reguero de pólvora en la sociedad, a partir del momento en que el paquete de medidas extraordinarias del Gobierno de Pedro Sánchez introdujo la flexibilización de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE).  

Este miedo a perder el empleo de forma rápida puede tener consecuencias económicas y empresariales importantes, tanto sobre los efectos esperados de las medidas económicas del Gobierno como sobre la pérdida de legitimidad de la empresa y de los directivos.

Por un lado, este miedo a perder el empleo puede acentuar la caída de la actividad económica. Eso es así en la medida en que ese miedo aumenta la propensión a ahorrar y reduce el deseo de consumir de los hogares. De esa forma, la demanda de la economía y las ventas de las empresas se deprimen aún más. El Gobierno puede encontrarse con que las remesas de dinero a las familias y las moratorias de impuestos no se utilizan para mantener el gasto, sino para aumentar el ahorro. Esto puede exigir un mayor gasto público directo por parte de los gobiernos y, como consecuencia, el aumento de la deuda pública.

Legitimidad y apoyo social

Pero el miedo a perder el empleo puede tener un segundo efecto que debe preocupar especialmente a los partidarios del sistema de libre empresa y de la economía de mercado. La carrera desenfrenada que han iniciado las empresas para anunciar ERTE podría acabar siendo una carrera suicida. Puede provocar un derrumbe de la legitimidad y apoyo de la sociedad hacia los directivos y las empresas. En este sentido, el paisaje empresarial después del coronavirus sería desolador.

Fue el temor a que sucediese exactamente esto lo que me llevó hace semanas a sugerir la posibilidad de que, junto con las medidas extraordinarias, el Gobierno aprobase una moratoria de despidos de 30 días. La finalidad era obligar a que los directivos y los consejos de administración no entrasen en una dinámica oportunista e hiciesen una valoración más sosegada de sus opciones. Esa medida ha sido adoptada y ampliada por el Gobierno italiano. Y es el comportamiento que ha anunciado la empresa gallega Inditex, propietaria de marcas como Zara.

No ignoro que muchas micro y pequeñas empresas carecen de margen para aguantar un mes sin ingresos y pagando sueldos. Pero el conjunto del sistema empresarial no financiero lleva unos años de excelentes resultados. De hecho, algunas grandes empresas han utilizado esos buenos resultados para recomprar sus propias acciones y generar un dividendo extraordinario para sus accionistas y primeros ejecutivos. Esos buenos resultados les dan ahora capacidad para aguantar uno o varios meses pagando a sus trabajadores.

Además, esta carrera desenfrenada hacia los ertes puede destruir parte del buen trabajo logrado en los últimos años, en los que muchas empresas han desarrollado políticas de atracción y retención de buenos empleados. Ahora han de ser capaces de transitar estas circunstancias sin destruir ese contrato social.

Coherente con este esfuerzo, también en los últimos años la gestión empresarial ha buscado cambiar el foco desde un modelo de gestión centrado únicamente en la maximización de los beneficios para los accionistas hacia un modelo dirigido a la creación de valor para todos los interesados ('stakeholders'): proveedores, clientes, trabajadores, accionistas y comunidad. Por eso se ha comenzado a hablar de 'empresas con alma'.

Liderazgo de los dirigentes empresariales

Las empresas con alma han de saber afrontar esta pandemia por coronavirus gestionando de forma leal el contrato social con sus empleados. Si lo hacen se verán recompensadas con un mayor compromiso, lealtad y productividad de sus trabajadores. El comportamiento que ahora desarrollen pasará a formar parte del ADN de la empresa. Si muestran compromiso, recibirán compromiso. Si muestran oportunismo, recibirán la misma moneda.

En estos momentos de zozobra y desasosiego, la sociedad espera liderazgo de sus dirigentes políticos, pero también de los dirigentes empresariales. Las organizaciones sectoriales, las patronales y todas aquellas organizaciones e instituciones que desempeñan un cierto papel de representatividad del mundo empresarial deberían llamar a sus asociados a desarrollar un comportamiento socialmente responsable y no egoísta. De lo contrario no deberíamos sorprendernos si el paisaje después de esta pandemia incorpora un nuevo cuestionamiento y desconfianza social hacia el mundo de la empresa.