Editorial

El coronavirus altera el calendario electoral

Es razonable suspender las elecciones en Euskadi y Galicia, una decisión que debería haber tomado Macron en Francia

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El Periódico

El presidente francés, Emmanuel Macron, se dirige a la nación para explicar las medidas adoptadas sobre el coronavirus, este lunes.

El presidente francés, Emmanuel Macron, se dirige a la nación para explicar las medidas adoptadas sobre el coronavirus, este lunes. / Reuters / Eric Gaillard

Las elecciones autonómicas en Euskadi y Galicia han quedado suspendidas por la pandemia del coronavirus, un hecho sin precedentes en la democracia española pero que es perfectamente comprensible por los problemas de movilidad y de organización de una campaña electoral normal, la previsible alta abstención y los posibles sesgos del voto porque las personas de mayor edad tendrían más dificultades para acudir a las urnas a depositar su voto.

Estas mismas razones abonaban la suspensión de la primera vuelta de las elecciones municipales en Francia, que, sin embargo, se celebraron el domingo contra toda lógica. Con todo el país pendiente del coronavirus y el Gobierno pidiendo a la población que se recluyera en sus casas, era absurdo que al mismo tiempo se les invitara a votar al mantener la convocatoria. Y el desastre ha sido monumental porque solo un 45% de los franceses acudió a votar, menos de la mitad por primera vez en la historia de la Quinta República y 20 puntos menos que en el 2014, pese a las medidas de higiene que se adoptaron en los colegios electorales. Este fracaso debe adjudicárselo el presidente de la República, Emmanuel Macron. El otro fracaso del presidente es el que corresponde a su partido, La República en Marcha, cuyos candidatos quedaron en su mayoría terceros en las grandes ciudades y por debajo del 10% en otras.

Del resto de los resultados destaca la subida de los ecologistas y la resistencia de los partidos tradicionales, Los Republicanos (derecha) y el Partido Socialista, en sus feudos. La derecha conserva Niza y Cannes, aunque puede perder Marsella y Burdeos. Los socialistas obtienen una victoria más amplia de lo esperado en París y encabezan el escrutinio en Lille, Nantes y Rennes, mientras que la extrema derecha está a un paso de hacerse con Perpinyà. Al final, sin embargo, se ha impuesto la lógica que no se quiso aplicar en la primera vuelta y la segunda ha quedado suspendida. Pero la celebración en solitario de la segunda vuelta plantea problemas jurídicos porque algunos expertos sostienen que debe anularse también la primera. Un fiasco total que podría haberse evitado si Macron hubiera suspendido la votación.