30 may 2020

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Feminismos

Manifestantes del colectivo ’Diverses 8M’ durante su marcha por la Vía Augusta de este domingo por la mañana

JOAN MATEU PARRA

Yo también quiero ser una mujer blanca

Najat El Hachmi

Me he visto en situaciones absurdas en las que la persona que tenía delante me contaba las opresiones que yo estoy sufriendo porque había hecho un máster en estudios de género en no sé qué universidad extranjera importante

Por fin me he topado con la mujer blanca occidental. Me la habían descrito como una opresora fanática obsesionada con imponer su feminismo al resto de mujeres del mundo violentándolas, arrancándoles pañuelos, planchándoles el pelo o blanqueándoles la piel, sometiéndolas al poder de sus postulados colonizadores. Como vengo de barrio pobre a lo mejor no supe detectar a esas privilegiadas que me oprimían. Las limpiadoras, las maestras, las trabajadores de la fábrica de pieles, las amas de casa andaluzas, no sé, a lo mejor sí que me estaban colonizando y no me di cuenta, a pesar de que algunas a penas podían salvarse a sí mismas de la violencia y la discriminación pero parece ser que eso no cuenta y las tengo que colocar en el mismo saco que las de clase alta por su color de piel.

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Pero ahora sí me encuentro con un tipo muy concreto de feministas (espero de corazón que sean un sector extremadamente minoritario o tendremos motivos para tirarnos todas a las vías del tren) que sí que se colocan en una posición de superioridad ante las mujeres que ellas mismas han decidido llamar “otras” o, ya con la nueva lengua que usan, las que definen como “racializadas”. Es cierto que no me dan lecciones de feminismo, no me dicen que tengo que ser como ellas, más bien todo lo contrario: me dicen que no puedo ser como ellas, que tengo que tener otro feminismo. Y de paso me cuentan (gracias) lo que es el racismo. Así que me he visto en situaciones absurdas en las que la persona que tenía delante me contaba las opresiones que yo estoy sufriendo porque había hecho un máster en estudios de género en no sé qué universidad extranjera muy importante y allí las cosas se ven de otra forma. Entonces tengo que recordar que yo vengo de Beni Sidel, Nador, y que allí el patriarcado y el machismo te lo enseñan en párvulos aunque no pises la escuela. Digo yo que allí también se podrían ir a hacer un máster, a mi pueblo, todas las expertas en mi discriminación y seguro que aprenderían más sobre género que todos los másteres carísimos de las School o no sé qué.