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Cultura en femenino

El mundo debe pasar por un largo período ginecéntrico, es decir no con paridad y discriminación positiva sino con superioridad efectiva de mujeres en los puestos de poder, de análisis y de estudio

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Manifestación femenista del 8M en Barcelona

Manifestación femenista del 8M en Barcelona / JORDI COTRINA

Ahora que los firmantes de artículos que pertenecemos al sexo masculino hemos cumplido la sabia y oportuna cuarentena impuesta por este diario y ya podemos hablar de feminismo sin temor a contaminar el panorama con alguna hormona descontrolada, tal vez podríamos introducir la cuestión de la feminización de la cultura, sobre todo en cine y literatura. No tanto la presencia de mujeres en la palestra, aún minoritaria en muchos ámbitos, sino la abundancia, y tal vez la hegemonía real o intuida, de miradas, valores y mensajes que se alejan cada vez más de los estereotipos no solo del machismo sino del androcentrismo. No se trata de hacer listas sino de detectar tendencias, primero en las vanguardias y después en el 'main tream' de la cultura. Tras la lucha contra el machismo está la ampliación del radio de la cultura no androcéntrica, sin la cual los cambios reales de paradigma serán reversibles.

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Una de las cosas a celebrar en la lucha feminista es la adhesión de un número creciente de machos, con toda probabilidad los más civilizados. Adhesión que se transforma en contribución cuando estos hombres hacen esfuerzos para sustraerse del androcentrismo en sus actos de creación artística o cultural. Sea de manera interesada, para seguir el aire de los tiempos, o sincera, el caso es que no pocos consiguen modificar el relato, aunque sea de manera parcial. Ponerse en la piel del otro, de la otra, rechazar una parte de la propia como perjudicial, es imprescindible para contribuir, bastante más allá de la igualdad, a la prevalencia de la feminidad.

Si contemplamos el sufrimiento causado por los machos de la especie a sus congéneres femeninos y masculinos, y lo comparamos con el que han originado las mujeres, deberemos de llegar a la fuerza a la conclusión de que, al menos por la ley del péndulo, el mundo debe pasar por un largo período ginecéntrico, es decir no con paridad y discriminación positiva sino con superioridad efectiva de mujeres en los puestos de poder, de análisis y de estudio. Empezando por la cultura.