30 oct 2020

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Noticias y discursos falsos

Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos.

EFE

Plagio, criptomnesia ¿o mucho morro?

Juli Capella

El máximo generador de 'fake news' ostenta hoy en día la presidencia del imperio americano. A la gente le pirran sus falsedades más que saber la triste verdad

En 1987 Joe Biden ya había competido como presidenciable por el partido demócrata estadounidense. Pero dimitió a media campaña. Le pillaron plagiando discursos, tanto de Bob como de John Kennedy –hasta cierto punto comprensible, eran de su partido–, pero también de otros políticos. Biden calcó casi literalmente una arenga que había soltado el diputado británico laborista Neil Kinnock apenas tres meses antes en Gales. Pero, además, Biden se vino arriba, diciendo que se le acababa de ocurrir por el camino hacia el acto electoral. Eso ya fue recochineo. Y hurgando, también descubrieron que había copiado un trabajo en la universidad. Todo eso antes de internet y de Turnitin o PlagScan, programas actuales que detectan plagios. Aun así, y de forma inverosímil, en el 2009 consiguió ser vicepresidente con Obama. Fue un 'fake' pionero y sigue en primera línea, tan pancho. Y con más pelo –debe ser falso, claro–, que el que lucía hace 30 años.

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En 'El pequeño libro del plagio', Richard Posner dice que “a un lector –cambiémoslo aquí por un e-lector–, la originalidad en sí no le interesa más que a un comensal. Importa solo si le gusta o no el producto". Basta mentar que el máximo generador de 'fake news' ostenta hoy en día precisamente la presidencia del imperio americano. A la gente le pirran sus falsedades más que saber la triste verdad. Es aquello de "miénteme, dime que me quieres".

Hoy el plagio está de moda. Lo disecciona de forma erudita y divertida Miguel Albero en su reciente libro 'Fake, la invasión de lo falso': “Como no podemos tolerar la realidad, hoy nos inventamos una en vez de intentar cambiarla.” Y repasa cómo lo falso, la copia, el fraude, la imitación, la impostura y la criptomnesia, es decir, el plagio involuntario, parece que estén más extendidos que el coronavirus. Empapa todos los sectores: literatura, comercio, política, arte y, cómo no, también el periodismo. Mark Twain lo tenía claro: “el periodista es aquel que sabe distinguir entre lo verdadero y lo falso, y publica lo falso.”