03 jul 2020

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CHOQUE EN EL GOBIERNO

Manifestantes del colectivo ’Diverses 8M’ durante su marcha por la Vía Augusta de este domingo por la mañana

JOAN MATEU PARRA

En el 8-M estaba la clave

Rosa Paz

Pasado el 8-M, nuevamente con masivas manifestaciones feministas en toda España, las tensiones en el Gobierno de coalición empezarán a relajarse. No solo porque en la reunión de coordinación del pasado viernes ambos partidos hicieron promesa firme de portarse bien, sino porque la causa principal de los encontronazos de la pasada semana parece estar en la lucha por la hegemonía política del movimiento feminista.

Sin llegar a la bronca de los últimos días, desde un principio se ha percibido un intento —lógico— por parte de Unidas Podemos de marcar territorio, obviando que el Consejo de Ministros es un órgano colegiado, incluso si el Gobierno es de coalición. Esa es la intención que se ha visto en acciones como la guía del Ministerio de Trabajo sobre la actividad laboral y el coronavirus, elaborada al margen de Sanidad que coordina este asunto, con el caso Couso o con las reuniones de Pablo Iglesias con las asociaciones agrarias. La chispa saltó, sin embargo, con el anteproyecto de ley de libertad sexual, que a la ministra de Igualdad, Irene Montero, le urgía aprobar para poder marcarse el tanto de cara a las movilizaciones feministas del pasado domingo.

Este del feminismo es un territorio complejo en el que los dos partidos, PSOE y Unidas Podemos, miden fuerzas y tratan de atraer para sus papeletas electorales el apoyo de las decenas de miles de mujeres que han decidido luchar por sus derechos y dejar de tolerar actitudes machistas en el trabajo y en la vida. A las socialistas les molesta esta competencia por su izquierda —de hecho la vicepresidenta Carmen Calvo se resistió a soltar las competencias de Igualdad— porque el PSOE fue el primer partido que asumió en España los postulados del feminismo en los años 80, gracias al empeño de sus mujeres y pese a la resistencia de sus varones, y a sus gobiernos se les debe las dos leyes del aborto, la Ley Integral contra la Violencia de Género o las listas cremallera y otros muchos avances legislativos en favor de las mujeres.

Pero ahora, justo cuando el movimiento feminista se ha transformado en un movimiento de masas, sin aparente liderazgo político, Podemos se lo disputa a las socialistas. Quizás porque los podemistas piensan que la concienciación de las jóvenes ha llegado de la mano del 15-M, aunque podría decirse que a esa mayor sensibilización han ayudado más movimientos como el #MeToo. Al menos si se mira cronológicamente.

Es muy complicado esto del feminismo, porque el más concienciado sobre la igualdad de género —incluso la más concienciada— puede caer sin percatarse en unos cuantos micromachismos por día. Y eso, por cierto les ocurrió a los "machotes" de Podemos, por utilizar la terminología de Pablo Echenique, cuando salieron a defender a Montero y a las redactoras del anteproyecto de ley en una actitud que bien podría calificarse de paternalista y patriarcal.

Esperemos que tras este lamentable episodio gubernamental las diferencias dentro del Gobierno o las alegaciones de Justicia o Hacienda, que son los ministerios que más reparos suelen poner también en los equipos monocolores, se sobrelleven con discreción. Más que nada para no transmitir una imagen de inestabilidad que no beneficia a nadie.