20 oct 2020

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Teatro autobiográfico

Pep Cruz y Alba Pujol, en el montaje de Àlex Rigola en la Sala Beckett. 

IRENE VICENTE

Duelo en directo

Jenn Díaz

'Aquest país no descobert que no deixa tornar de les seves fronteres cap dels seus viatgers', de Àlex Rigola, parece que hable de la muerte, pero habla sobre todo de la vida

El proceso creativo siempre termina acompañando a los procesos vitales. Y probablemente después de digerir los segundos, se acaban convirtiendo en los primeros. Pero Alba Pujol, en 'Aquest país no descobert que no deixa tornar de les seves fronteres cap dels seus viatgers' los hace ambos a la vez. Sin atrezo y priorizando la palabra -sobre todo la del padre-, la obra parece que hable de la muerte, pero habla sobre todo de la vida. Precisamente porque una persona que sabe que tiene que morir y que tiene ya poco margen, una persona que ya no hace proyectos de futuro más allá de sobrevivir al día siguiente, termina analizando la vida con una lucidez y una calma de espíritu que los que no sospechamos la fecha de nuestra muerte somos incapaces de tener.

La conversación, que atraviesa por la mitad a la muerte y la obvia, no es solo una despedida. Las preguntas que Àlex Rigola lanza al señor Pujol -padre y protagonista real- le invitan a hacer una reflexión más allá de su situación, y lo convoca a la vida para que hable. Y, al mismo tiempo, es indiscutible que las respuestas están del todo condicionadas por el hecho de ser un enfermo terminal. Este es precisamente el encanto de 'Aquest país no descobert...', la dualidad y la línea tan fina entre la vida y la muerte, la reflexión y la nostalgia de aquel que sabe que por mucho que quiera hacer virar su propia historia, está ya toda definida.

Su hija, la actriz Alba Pujol, hace de ella misma, con todo lo que esto significa: que si se emociona, es la hija y no la actriz quien lo hace; que si recuerda, es de un padre y no de un Pep Cruz espléndido que le hace de altavoz de ultratumba; que si le tiembla la voz, es a ella a quien vemos desde nuestro asiento. Sin artificios, sin aspavientos, es una obra sencilla que trabaja el duelo en directo y da espacio a todos para pensar en ello desde su propio yo.

Después, sales de la Beckett y quieres creer que el aire es más frío, llegabas tarde y ahora ya no hace falta correr, y todo te es agradable porque estás viva y te sientes privilegiada y no es para menos, y que puedes dar un abrazo sincero y necesario, y lo das.