20 oct 2020

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Primarias demócratas en EEUU

Joe Biden, flanqueado por su esposa (izquierda) y su hermana, tras su victoria en el Supermartes.

AP

Ganar la guerra o hacer la revolución

Alfonso Armada

Sanders lo tiene a partir de ahora muy difícil para hacer frente al `establishment¿ demócrata

La superioridad moral europea frente al enigma geopolítico estadounidense ha cosechado grandes patinazos analíticos, como la irresistible irrupción de Donald Trump. Forzando las analogías acaso cabría pensar que lo que los votantes demócratas empezaron a dirimir el 'supermartes' fue si lo prioritario en las presidenciales de noviembre es ganar la guerra (hacer que Trump no salga reelegido: la prioridad de Joe Biden) o hacer la revolución (y matar dos pájaros de un tiro: recuperar la presidencia para un Partido Demócrata que deje de ser percibido como parte de la élite, un mantra que tanto rédito le dio precisamente a Trump: la apuesta del izquierdista Bernie Sanders). Fue lo que llevó a la derrota a los republicanos españoles en 1939: los que querían aprovechar la guerra civil para hacer la revolución perdieron ambas: la guerra y la república. Y le dieron la victoria al fascismo. Olvidaron en el camino que entre los nacionales había muchos “como ellos”, un análisis que Trump (mintiendo como un bellaco, pero eso es lo de menos en la cultura política contemporánea, donde la mentira no se castiga) supo hacer mejor que nadie. Algo que pocos vieron mejor que el tristemente desaparecido Joe Bageant en sus 'Crónicas de la América profunda', que en el 2008 explicaba para quien quisiera leer lo que acabó leyendo mejor que nadie Trump. Conectar con un país que en Europa solemos despreciar, con los efectos que la miopía suele acarrear en la conducción política.

Hasta la inesperada resurrección de Biden (Scranton, Pensilvania, 77 años), el Partido Demócrata parecía encaminado a un populismo que pretendía jugar desde el otro extremo del espectro político contra Trump (Nueva York, 73 años). A pesar de haber ganado en el estado más populoso, California, Sanders (Nueva York, 78 años) lo tiene a partir de ahora muy difícil para hacer frente al 'establishment' demócrata, a los medios que lo nutren, y a toda la América moderada que votó unida en las primarias demócratas y ha recuperado la confianza en que el que fuera vicepresidente con Barack Obama puede recuperar la Casa Blanca. Biden venció en nueve de los 14 estados en juego, entre ellas tres piezas sustanciales: Texas, Virginia y Massachusetts. Despejado el hasta ahora nutrido campo azul, incluido el humillante fracaso de Mike Bloomberg, que invirtió 500 millones de su fortuna personal en la campaña (190 millones más que todos sus rivales juntos. No todo lo compra el dinero), y que solo ganó en Samoa, el exalcalde neoyorquino no solo anunció su retirada, sino que pondrá peso y fortuna en Biden para acabar con la era Trump. La revolución cultural que vive el mundo se dirimirá este año en Estados Unidos entre tres varones blancos y septuagenarios. Ninguna mujer, ningún negro, ningún hispano.

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El hasta el martes rival favorito de Trump salvó los muebles. Sigue insistiendo en su doble estrategia: vencer al 'establishment' corporativo (las grandes empresas) y al 'establishment' político (su propio partido). Un gambito arriesgado. Para Simon Kuper, analista político del 'Financial Times', si los demócratas quieren ganar en noviembre deben dejar de lado sus preferencias políticas y votar por quien tiene más posibilidades de cerrar la boca al tuitero en jefe, es decir, tal vez, Joe Biden.