02 jun 2020

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DOS MIRADAS

Carles Puigdemont saluda a sus simpatizantes tras el acto de este sábado en Perpinyà.

AP / DANIEL COLE

Sublime altura

Josep Maria Fonalleras

No sé quien consideró que bautizar el acto de Puigdemont en Perpinyà como 'La República en el centro (del mundo)' era una buena idea

Salvador Dalí, en pleno "éxtasis cosmogónico", proclamó que la estación de Perpinyà era el centro del mundo. Y lo justificó con una confluencia de movimientos de placas tectónicas y con la extraña sensación que experimentaba cuando contemplaba cómo salían de la estación sus cuadros y ese espacio se convertía en "una fuente de visiones". Decía: "Mi cerebro empieza a generar ideas, pero la llegada a la estación de Perpinyà es la ocasión de una verdadera eyaculación mental que alcanza entonces su mayor y sublime altura especulativa". El centro del mundo, pues.

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Para conmemorar un honor tan elevado, en 1965, Perpinyà invitó a Gala y Dalí a solidificar un título tan impetuoso y estrambótico con una serie de actos en los que el artista, proveniente de Ceret y vestido de almirante, interpretó, a mayor gloria de la payasada universal, su "método espontáneo de conocimiento irracional". En lo alto de una calesa, ambos desfilaron y se sentaron en unos tronos delirantes en medio de la algarabía popular.

No sé quien consideró que bautizar el acto de Carles Puigdemont en Perpinyà como 'La República en el centro (del mundo)' era una buena idea. Una "sublime altura especulativa". Eso sí.