30 mar 2020

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Editorial

El control de la movilidad de Barcelona

Sin negar las ventajas del vehículo compartido, ha de haber un equilibrio entre los intereses empresariales y los beneficios para la ciudad

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El Periódico

Dos usuarias de moto compartida pasan por delante de una parada del Bicing.

Dos usuarias de moto compartida pasan por delante de una parada del Bicing. / ELISENDA PONS

Bajo el paraguas de economía colaborativa han nacido nuevos servicios que han cambiado en muy poco tiempo los hábitos de los ciudadanos. Muchas veces, avanzándose a la capacidad de las administraciones de regular las iniciativas. La movilidad no ha escapado de los nuevos modelos de negocio. Así, compartir vehículo se va consolidando como una opción que permite desplazamientos particulares sin los gastos derivados de la propiedad. Sin seguros ni impuestos ni párking ni combustible.

El Ayuntamiento de Barcelona, pionero en el Bicing, pretende también reglamentar el control de los vehículos compartidos. Es innegable la ventaja que aportan a la movilidad individual, pero también es cierto que pueden convertir las calles en un bazar de coches, motos y patinetes descontrolados. Además, es obvio que la ciudad debe beneficiarse del negocio que se hace en sus calles. El proceso de concesión de licencias se ha iniciado con las motos eléctricas. Un concurso necesario para acabar con el limbo legal, pero que ha provocado un aluvión de quejas.

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La adjudicación de licencias a empresas que no estaban presentes en las calles de Barcelona o que ni siquiera parecen vinculadas al sector de la movilidad no ha sido comprendida por las compañías que ya llevaban años trabajando en la ciudad. Más aún cuando el reparto equitativo de licencias entre las 21 participantes adelgaza de forma extensible la flota de algunas de ellas. Las empresas consolidadas aseguran que la reducción convierte en inviable su negocio. El proceso de adjudicación de licencias de motos aún no está finalizado y es posible que se produzcan algunos ajustes. Sus incidencias son una lección para los posteriores concursos de coches y patinetes.

Los nuevos modelos de negocio presentan unos retos que no siempre son fáciles de armonizar con los intereses de la administración pública. Parece imprescindible encontrar el equilibrio entre los intereses empresariales, las necesidades de la ciudadanía y los beneficios para la ciudad. Está en juego la movilidad del futuro y el control de la nueva economía en beneficio de todos.