01 abr 2020

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Cambios sociales

Pintada feminista el 8 de marzo del 2018 en Valencia.

MIGUEL LORENZO

La casa del padre

Najat El Hachmi

¿Cuáles van a ser los nuevos roles en el futuro en un mundo que propone un cambio tan trascendental como el que reclama el feminismo?

La madre guardaba en una caja de botones unos ahorros para comprarse un abrigo, un dinero que había ido acumulando pacientemente durante años, pero un día el padre decidió quedárselos. Al fin y al cabo, eran suyos, los había ganado con su trabajo remunerado mientras su mujer, para quien nadie había previsto salario alguno, se ocupaba de los hijos y la casa. ¿Cómo se construye la masculinidad teniendo como modelo esos hombres de antes, lo que trabajaban y callaban y cazaban y cuando volvían de cazar tiraban las botas sucias de fango en el suelo para que las mujeres las limpiaran? ¿Cómo construirnos de cero cuando los espejos en los que nos habíamos mirado se rompen en mil pedazos porque la toma de conciencia nos demuestran que correspondían a una realidad injusta? ¿Cómo ser hombre cuando son hombres los que violan en grupo y asesinan o llenan de fango las botas o se quedan con el dinero de la caja de botones? ¿Cuáles van a ser los nuevos roles en el futuro en un mundo que propone un cambio tan trascendental como el que reclama el feminismo?

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Son solo algunas de las preguntas que pone sobre la mesa 'La casa del padre', la novela de Karmele Jaio que condensa de un modo magistral la complejidad del momento presente. Cualquier transformación social profunda, y la lucha por la igualdad es una de las más relevantes de los últimos siglos, tiene consecuencias en todas las facetas de la persona: invierten marcos teóricos e ideológicos o normativos, las relaciones sociales y familiares, pero también remueven a fondo la intimidad. Cómo envidio en la autora la capacidad de rasgar con unas sola frase todas la capas que nos envuelven para tocar hueso en los personajes. Unos personajes que, ante la incertidumbre, la crisis que comporta el cambio, pueden escoger seguir quedándose con los privilegios que la cultura tradicional les asignó por el simple hecho de haber nacido con el sexo con el que nacieron o bien confiar en el nuevo escenario, ser justos y compartir los ahorros de la caja de botones que en realidad siempre fueron de todos.