04 jun 2020

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Al contrataque

Aragonès, Torra y Sánchez, al inicio de la mesa de diálogo, este miércoles en la Moncloa. 

DAVID CASTRO

El día que empezó otro Estatut

Antonio Franco

En la Moncloa probablemente empezó a gestarse un nuevo Estatut, aunque en la famosa mesa de diálogo no lo dijeron y muchos de los que estuvieron allí ni lo sabían ni lo quieren

Nos acordaremos del miércoles 26 de febrero del 2020. En la Moncloa probablemente empezó a gestarse un nuevo Estatut, aunque en la famosa mesa de diálogo no lo dijeron y muchos de los que estuvieron allí ni lo sabían ni lo quieren. Fue un encuentro entre soberanismo y Constitución. Nos han explicado que las dos cosas que pactaron fueron seguir hablando y que se buscará una salida a los problemas sin salirse de la "seguridad jurídica", un eufemismo que se refiere a la Constitución y las leyes que vulneró el Parlament. Juzguen, no es un 0-1 pero casi. Comportarse, no haberle dado un puntapié a la mesa es, como sabe y teme Puigdemont, de hecho el primer gesto de autocrítica pública que hace el independentismo en relación al error de los atajos que tomaron Artur Mas, el propio Puigdemont y Junqueras.

Fue una mesa de soberanistas con constitucionalistas. Los que la llaman "de Catalunya y España" son tremendamente imprecisos. A  un lado estaba como máximo media Catalunya, la independentista, y al otro, media España, la progresista, que incluye a la otra mitad de los catalanes.  Pero faltaban el PP, Vox y el grupúsculo que quiere mandar Arrimadas. Existen y condicionan. Incluso iba a decir que sus jueces también.

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Después de mucho pedirle diálogo a Rajoy al soberanismo le llegó la hora de preguntar en la Moncloa qué nos decimos. Pueden hablar de independencia pero es perder el tiempo, lo mismo que hablar de seguir como hasta ahora. Podrían intentar definir una mayor descentralización para el futuro inmediato (luego ya veremos) y tantear la posibilidad de una consulta opinativa, simultánea  o no con otra en el resto de España. También pactar algún cambio legislativo y algo sobre los presos. Todo les será difícil porque los dos lados de la mesa están como en libertad condicional. A Sánchez le vigila Casado y los fragmentados independentistas se vigilan entre sí. ¿Por qué la mesa tiene tantas sillas?  Es por aquello que se decía de las parejas de la Guardia Civil, que se vigilaban el uno al otro. En la delegación secesionista van los protagonistas, los de JxCat que han de vigilar a los de ERC, los de Puigdemont que han de vigilar a los otros soberanistas... Y todos vigilando a Torra  -está justificado,  lo conocen- , que ya se olvidó de reclamar un mediador cuando habló a solas con Sánchez. Ya está de saliente, no quería esta mesa  y no se sabe qué piensa de cara al futuro más allá de sus presumibles deseos de ir a sumarse a los que él mismo deja que corten la Meridiana.

Sin estar, flota sobre la mesa Artur Mas, que dice cosas llamativas. Que se debe hacer el 'procés' por un lado mientras el Govern va por otro (él fue quien lo juntó todo), que medita sobre cómo debe ser nuestro país del futuro (se supone que sin comisiones del 3%) y que quiere dedicarse a descubrir nueva gente idónea para la política. El descubridor de Puigdemont tiene gracia.