29 oct 2020

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ANÁLISIS

El candidato demócrata Bernie Sanders, durante un debate en las primarias del partido en la localidad de Charleston, en Carolina del Sur. 

PATRICK SEMANSKY (AP)

El 'establishment' demócrata teme a Sanders

Albert Garrido

Aunque el programa del senador no es radical, la polarización del país hace que todo atrevimiento programático se antoje un exceso

Las primarias del Partido Demócrata de EEUU se adentran por un sendero que consagra una táctica que cabe enunciar como todos contra Bernie Sanders, aunque este todos es bastante heterogéneo. Atizados por la inquietud del 'establishment' demócrata ante el afianzamiento del senador por Vermont, los acosadores presentan su programa socialdemócrata como un desafío divisivo que daña los principios básicos de la política estadounidense, especialmente los que limitan el intervencionismo del Estado y anteponen la libertad individual a cualquier otra consideración. Se trata, desde luego, de asuntos muy sensibles en el marco del 'american way of life', debatidos intensamente durante la presidencia de Bill Clinton, y aún más durante los dos mandatos de Barack Obama a propósito de la reforma sanitaria que impulsó.

Quizá sea por eso que la propuesta de una sanidad universal pública, al estilo europeo, es el ejemplo recurrente que sacan a colación los adversarios de Sanders dentro y fuera del partido. Pero como se preguntan en 'The New York Times' después del último debate, es difícil saber quién salió herido de las estridencias de la noche del martes. Y el digital 'Político.com' va más lejos al asegurar que ninguno de los adversarios de Sanders logró alterar a los votantes demócratas con la idea de que se trata de “un radical cuya nominación haría perder al partido la oportunidad de derrotar a Donald Trump”.

Moderación

En realidad, lo que oferta Sanders no alarma a ningún centrista europeo, y no hay forma de dar con trazos de radicalidad en su programa. Sucede, sin embargo, que en una atmósfera polarizada en extremo, en un país dividido como nunca por la presidencia de Trump y en un Partido Demócrata que sigue sin metabolizar la derrota de Hillary Clinton en el 2016, todo atrevimiento programático se antoja un exceso. Hay en la dirección demócrata la convicción de que el electorado no está para apoyar grandes cambios, para alejarse demasiado del perfil ideológico de alguien como Joe Biden, un político previsible y que, al lado de Obama, encarnó un reformismo moderado.

Incluso alguien como el nobel Joseph Stiglitz, defensor de un capitalismo progresivo, que es bastante más que el capitalismo compasivo del que se habló en los años 80, teme que Sanders, e incluso Elizabeth Warren, sean platos muy difíciles de digerir fuera de los campus universitarios de Nueva York y California. Cree el economista que de la misma manera que la disputa entre multimillonarios como Michael Bloomberg y Tom Steyer incomoda a la clase media, le desasosiegan los programas sociales a cargo del presupuesto.

Pocas son, en cambio, las voces que defienden que el éxito momentáneo de Sanders tiene mucho que ver con la sobredosis de populismo vociferante que Trump administra todos los días a la opinión pública. La buena marcha de su economía electoral así lo atestigua. Si después del 'supermartes' sigue brillando la estrella del senador en lo más alto del universo demócrata, quizá sea el momento de que el partido cambie de rumbo: de todos contra Sanders a todos a favor de él.