14 jul 2020

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Nuestro mundo es el mundo

Pablo Casado durante su intervención en un acto del Partido Popular.

MARCIAL GUILLÉN (EFE)

España no es Alemania

Joan Tapia

Aquí es casi normal un pacto con la extrema derecha, mientras que el de Turingia forzó la inmediata dimisión de la sucesora de Merkel

En lo más hondo de la depresión económica, el catedrático Josep Oliver escribió en este diario: “De esta crisis saldremos como alemanes... o no saldremos”. Hemos salido. Pero, aunque el porcentaje de las exportaciones sobre el PIB ha subido mucho, no tenemos el de Alemania. En economía aún no somos alemanes. Y en política todavía menos.

El 27 de octubre se celebraron elecciones en el 'land' de Turingia, en la antigua Alemania del Este. El Gobierno de Die Linke, el SPD y los verdes perdió por muy poco la mayoría. Pero no había alternativa posible salvo que la CDU de Merkel y los liberales del FDP aceptaran el apoyo de la extrema derecha de la AfD (Alternativa por Alemania) que había quedado reforzada en segunda posición. Solo tras los excomunistas de Die Linke.

Este apoyo parecía imposible porque una norma del consenso alemán es el cordón sanitario a la extrema derecha. Sin embargo, es lo que acabó pasando. El 5 de febrero (tres meses después) la CDU y el FDP regionales -sin el aval de las cúpulas de Berlín- pactaron con la AfD la elección de un presidente del FDP. El escándalo fue mayúsculo. Tanto que cinco días después la sucesora de Merkel al frente de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK) se vio forzada a dimitir por no haber impedido el pecado de Turingia.

PP y Cs tienen del populismo de derechas una visión muy diferente a la de la CDU y el FDP alemanes

AKK quería que la elección de su sucesor -que será también el de Merkel en la candidatura a la cancillería- no se hiciera hasta finales de año. Pero las elecciones en Hamburgo, donde el SPD ha vuelto a ganar (38% del voto) mientras la CDU bajaba al 11% y tenía su peor resultado desde 1951, han obligado a AKK a una segunda rectificación. Su sucesor ya no se elegirá en diciembre sino el próximo 25 de abril. La CDU no podía seguir, aunque fuera por unos meses, con una líder que no había vetado el pacto con la extrema derecha en un 'land' poco relevante de la antigua Alemania Oriental.

España no es Alemania. Aquí tras las elecciones municipales y autonómicas del pasado mayo Pablo Casado pactó con Vox los gobiernos autonómicos de Madrid, Castilla y León y Murcia. Y más emblemáticamente, el ayuntamiento de la capital de España. Como en Turingia. La extrema derecha no entra en los ejecutivos del PP y Cs, pero si apoya su formación.

La gran diferencia es que estos pactos no fueron obra de direcciones locales, sino tejidos con gran pompa y satisfacción por los líderes nacionales del PP y de Cs. Aquí parte de la derecha ve como algo legítimo y normal los acuerdos con Vox. E incluso cree que refuerzan a unos líderes que presumen de vinculación europea con la CDU y el FDP.  Por el contrario, en Alemania un solo pacto (y solo medio consumado) de este tipo ha provocado un terremoto y la dimisión inmediata de la número dos del primer partido alemán. ¿El equivalente de Teodoro García Egea?

España no es Alemania. Así se entiende que Pablo Casado destituya de la noche a la mañana a Alfonso Alonso, candidato del PP vasco, y lo releve por Carlos Iturgaiz que dice sentirse próximo a Vox y que cree que Pedro Sánchez preside “un Gobierno fasciocomunista”.

Quizás por todo esto en España nunca ha habido un Gobierno de gran coalición tipo CDU-SPD como el que Merkel ha presidido bastantes años. Rajoy lo llegó a proponer, pero contra el independentismo y minimizando el peso del PSOE al querer incorporar a Cs.

Lo que pasa es que los populares del PP y los liberales españoles tienen de la extrema derecha un concepto muy distinto al de la CDU de Merkel y los liberales del FDP.

Mal que le pese a Josep Oliver, todavía no somos alemanes.