Al contrataque

La casa de los espíritus

Muchos en el PP no saben a dónde va Pablo Casado. Ni entienden con quién. Ni, desde luego, para qué

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Pablo Casado llega a la reunión con diputados y senadores, este lunes en el Congreso.

Pablo Casado llega a la reunión con diputados y senadores, este lunes en el Congreso. / JOSÉ LUIS ROCA

El PP es ya indudablemente la formación política que genera más confusión. En dos días, dos, han resucitado a Ciudadanos, han sugerido pactos con Vox, han dicho que no hay que pactar con Vox, han pedido la ilegalización de Bildu y han hecho una cosa en un territorio y exactamente la contraria en otro territorio. Para ser un partido que presume de tener “principios y valores”, no está mal. La forma en la que la dirección de Génova ha defenestrado a Alfonso Alonso al frente del PP vasco ha tenido, en mi opinión, un exceso de mal gusto. Le quitan porque no se comportaba como un corderito con Pablo Casado.

La última muestra fue su negativa a pactar con Inés Arrimadas regalando a Ciudadanos más puestos en las listas de los que eran lógicos, teniendo en cuenta la situación de la formación naranja y las perspectivas electorales de ambos en el País Vasco. Algún día entenderemos por qué Casado se ha echado en brazos de un partido moribundo, en lugar de esperar y hacer valer su fuerza. La dirección nacional se comportó con Alfonso Alonso como no se atrevió a hacerlo con Núñez Feijóo. Más le vale al presidente de la Xunta conservar el 5 de abril su mayoría absoluta... Si la mantiene, será más fuerte. Si no, le estarán esperando en Génova.

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Casado ha decidido jugársela rescatando a Carlos Iturgaiz como candidato a lehendakari. Le rescata el mismo que le echó situándole en un puesto imposible en las listas europeas. Ahora nos dicen que es el mejor. Ya ves. Iturgaiz tiene dos virtudes. Fue valiente en la lucha contra ETA y es lo suficientemente conocido entre los vascos como para poder encarar las elecciones en poco más de un mes. Pero Iturgaiz es de una época anterior, es como invocar de nuevo al espíritu de Aznar, el gurú político de Casado. Y se nota. Se parece más a Cayetana Álvarez de Toledo que a Núñez Feijóo. Eso nos puede parecer bien o mal, pero es así.

En su primer día de entrevistas, Iturgaiz ha dicho que Santiago Abascal es un tipo estupendo con el que hay que pactar y luego, al segundo día, ha defendido la ilegalización de la izquierda aberzale, aunque ya en 1998 pidió a las víctimas que hicieran “un sacrificio por la paz”. Este es el PP de Pablo Casado: unos días -pocos- es más moderado y otros días apuesta por los guiños a los votantes de Vox. Quiere tener un partido de gente leal, cosa que es muy respetable, pero leales a qué. Los principios no pueden cambiar tanto en función del líder. Y el trato a los compañeros de partido es algo que siempre vuelve. Tú tratas mal y entonces, cuando pueden, te matan. Le pasó, por ejemplo, a Cristina Cifuentes. Muchos en el PP no saben a dónde va Pablo Casado. Ni entienden con quién. Ni, desde luego, para qué.