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Maquinaria presupuestaria en marcha

Se podrá criticar la subida de impuestos y cuestionar por optimistas las previsiones de ingresos. Pero no decir que las nuevas medidas van a contracorriente

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La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, en la reunión de ministros y banqueros centrales del G20 en Riad del pasado febrero.

La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, en la reunión de ministros y banqueros centrales del G20 en Riad del pasado febrero. / EFE EPA / YAHYA ARHAB

Se enfrenta esta semana el trámite de los Presupuestos del Estado a su primera votación en el Congreso de los Diputados. El jueves se prevé debatir y votar en el pleno el techo de gasto presupuestario (con una subida del 3,8%) y el reparto de un objetivo de déficit del 1,8% del PIB entre los diferentes niveles de la administración pública.

El jueves se pondrá a prueba la mayoría parlamentaria que otorgó la Presidencia del Gobierno a Pedro Sánchez. Y antes que eso, el martes, el pleno del Congreso también votará la toma en consideración de la proposición de ley socialista para despojar al Senado de la capacidad de veto sobre la votación del techo de gasto que le confiere la actual redacción de la Ley de Estabilidad.

La maquinaria presupuestaria se pone así en marcha en una senda parlamentaria sembrada de incertidumbres por la trama independentista de Catalunya.

De momento, el debate de esta semana está en los números. Entre el techo de gasto propuesto por el Gobierno y el objetivo de déficit fijado median unas subidas de impuestos que concitan las distintas posiciones políticas de unos y otros.

Se podrá estar en contra de subir impuestos, como predican PP, Ciudadanos o Vox. Incluso se podrá criticar el optimismo de las previsiones de ingresos por la ‘tasa Google’ y el impuesto sobre transacciones financieras. O atacar los planes para impulsar una tributación mínima del 15% para los grandes grupos empresariales.

Lo que difícilmente se podrá argumentar es que este tipo de iniciativas van a contracorriente de los debates globales.

Este fin de semana, el propio secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, ha constatado en la reunión ministerial del G-20 en Riad (Arabia Saudí) los progresos a favor de una imposición mínima de las multinacionales.

España es de los pocos países que han cumplido con el mandato de la OCDE de publicar la tributación mundial de sus multinaciones, sin citar nombres. Las 134 multinacionales españolas que facturan más de 750 millones en el mundo, soportaron en 2016 una tributación media mundial del 12,6% y para 27 de ellas la carga fue del 0,3%.

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Más lento va el debate sobre el diseño de una tasa común sobre las actividades digitales. En Riad, EEUU ha seguido poniendo palos en las ruedas del debate. La OCDE pretende definir qué parte del impuesto de Sociedades debería tributar en territorios donde las grandes tecnológicas ejercen su actividad pero no tienen sede social. EEUU quiere que cada multinacional tecnológica pueda decidir si se acoge o no al nuevo esquema, a cambio de algún tipo de ventaja administrativa. Es lo que Mnuchin llama de forma eufemística  «puerto seguro» y lo que Europa interpreta como una forma de vía de escape. 

El director de Facebook, Mark Zuckerberg, se ha mostrado dispuesto a someterse a la nueva imposición digital en la que trabaja la OCDE. Pero no debería hacer confundir esta actitud con una posible puerta acceso a un hipotético «puerto seguro» donde se relaje la regulación europea de protección de datos y derechos democráticos.