04 ago 2020

Ir a contenido

opinión

Un aficionado agita su pañuelo durante los cánticos que pidieron la dimisión de Josep Maria Bartomeu durante el Barça-Eibar.

jordi cotrina

Una protesta (a Bartomeu) por acumulación

Albert Guasch

En el primer golpeo en el Camp Nou, de esos que empiezan a cimentar el juicio sobre un jugador, Martin Braithwaite envió una bola con curva y desorientada hacia la grada. El fantasma de Boateng recorrió el Estadi. Pero Braithwaite no es un Boateng. Intervino con criterio en los dos últimos goles y se abrazó en un par de ocasiones a Messi. Mucho más que su antecesor en toda su patética estancia de azulgrana. Tiene pinta de que, pese a los grises presagios, puede ayudar de veras. Y menos mal. Solo le habría faltado a Josep Maria Bartomeu una exhibición de torpezas de la nueva y millonaria adquisición. Y menos mal, evidentemente, de Messi, que emerge de la zozobra institucional, sobresale bajo cualquier circunstancia, y le suministró un calmante a la sociedad barcelonista con sus cuatro goles. 

Messi, desconectado como el grueso del vestuario de la directiva, le hizo un favor evidente a Bartomeu con su portentosa actuación. Él, que dijo crudamente esta semana que al Barça actual no le alcanza para ganar la Champions, se bastó para batir al Eibar. Y de paso ejerció de sedante para beneficio del presidente, que escuchó desde la mejor posición del campo el descontento profundo que ha enraizado entre el aficionado de una forma que hacía años que no se veía en el Camp Nou.

Más allá del escándalo

Posiblemente el descontento sobresale los límites del escándalo de las redes sociales. No gusta que una empresa contratada por el club se pueda dedicar a malmeter con todo mito viviente del Barça, y ni mucho menos por la desorbitada cifra publicitada. La junta directiva se adelantó a ese enojo popular en la reunión de Sant Just del viernes, aunque acabó encontrando confort en las concesiones del presidente. Pero se diría que por lo que respecta a la grada, existe un factor acumulativo que espoleó el flamear de pañuelos y los gritos de dimisión. 

La indignación se levanta sobre una plantilla mal estructurada y tantos fichajes defectuosos. Se edifica sobre toda la cadena de desaciertos cometidas desde la decisión de despedir a Valverde hasta que se firmó al sucesor. Se refuerza con la impresión de que se malvenden activos de la Masia para destensar la caja. Se apuntala con conflictos evitables como la bravuconada de Abidal que indignó a Messi. Y mejor no saber qué piensa el 'soci' de cómo avanza el Espai Barça, aunque más pronto que tarde habrá que saberlo a través de una asamblea extraordinaria. 

No hay duda de que es una presidencia y una directiva que trata de hacer las cosas bien, con rigor y buena cara. Pero las crisis han sido tantas y tan frecuentes, que ha llegado un punto que la pañolada se ha hecho prácticamente inevitable. Le corresponde ahora a Bartomeu y los suyos esquivar cualquier escándalo más por nimio que sea y ponerse como nunca a los pies de Messi. Y si Braithwaite, el fichaje versátil de los 18 millones, ayuda algo, mucho mejor.