EL CIERRE

El fútbol ya es otra cosa

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Jose Bordalás, técnico del Getafe, en el partido ante el Ajax.

Jose Bordalás, técnico del Getafe, en el partido ante el Ajax.

El fútbol como fue conocido, el fútbol en su esencia, cautivador de los sentidos, se diluye, se vierte y se escurre. Se va. Se escapa por el sumidero sin que prácticamente nadie se apresure a evitarlo.No hay prisa porque no se contempla una necesidad, quizás aquel fútbol ya pertenece al pasado y ya no gusta, o cuesta identificarlo. A los niños de hoy en día se le harían interminables las imágenes de Oliver y Benji en el aire, con la boca abierta. La fantasía hoy ha quedado prácticamente reducida a soñar previamente con un resultado. El relato hace una pausa en cuanto empieza el partido, es en ese preciso momento cuando todo el mundo empieza a mirar el móvil.

Los medios de comunicación deportivos pasaron de mejorar los resultados cada vez que llegaba un gran triunfo a multiplicar ventas y pinchazos con los fracasos, con las decepciones. La crisis ya vende más que el éxito y el improperio atrae más que el argumento. Todo el espacio dejado por suertes o categorías casi extinguidas por ausencia de sus manifestaciones, casos del regate, la rosca o la pared, se ha ocupado en los textos predictivos de las redacciones por palabras como elecciones, espionajes, campañas, candidaturas… Y especialmente, ese gran santo grial del deporte actual, ese comodín, ese airbag que es el concepto de la intensidad, palabra que habitualmente vale para adjetivar o salpicar una crónica de un partido en el que realmente no sabes lo que ha pasado. La palabra vigor se usa menos, quizás porque se entiende completamente adoptada por los anuncios de clínicas y productos para la mejora de la vida sexual.

La destrucción

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El balón no es que ya sea lo de menos, es que es un marrón. La sincronización, el trabajo colectivo, la relación puramente futbolística entre compañeros en el campo está ofreciendo grandes resultados cuando se plasma en términos defensivos. Eso es lo que nos llega. Ese mismo sentimiento de colectivización aplicado en ataque no está tan bien visto, puede llevar al reproche de que eso que estás intentando no sirve para nada. Como se ha dotado de presupuestos científicos la preparación sobre qué hacer sin balón y se ha simplificado hasta términos primitivos lo que hay que hacer con él, la mayor parte de los equipos prefieren entregarlo y construir a partir de la destrucción.

El equipo más admirado de las últimas semanas, el equipo revelación, el Getafe, es el equipo que menos pases da y el equipo que menos porcentaje de culminación ofrece en sus intentos de pase en la máxima categoría del fútbol nacional. Es el equipo que más faltas hace y junto al Leganés, el que más tarjetas recibe. Como no concuerdan estadísticas y resultados, necesitamos huir de la simplificación argumental, es preciso que entrenadores exitosos que representan este tipo de fútbol nos expliquen de manera más profunda y pormenorizada los valores y recursos del juego que desarrollan, más que el manido relato sobre voluntades y despliegues físicos. El éxito de los resultados es indudable, por eso necesitamos manuales, conviene y urge la teorización puramente futbolística de este modelo.

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