14 jul 2020

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NEGOCIACIÓN ENTRE GOBIERNOS

Sánchez y Torra, en la reunión que mantuvieron en Barcelona en 2018

MANU FERNANDEZ AP

Los dialogantes, el menú y la indigestión

Olga Ruiz

¡Que empiece el diálogo! Llevamos tanto tiempo alimentándonos de expectativas que acusamos sobrepeso de ilusiones venideras. Que los dialogantes abandonen su posición de salida tan cómoda como inoperante y se agarren bien para las curvas, que en esta empresa que tienen por delante mantenerse en pie no depende tanto del equilibrio propio como de los empujones ajenos. Que sean conscientes de su inconsciencia pasada y quieran ponerle remedio, que apuesten por construir pero no especulen con la vida, los sueños y la economía de los otros, que las burbujas siempre acaban explotando y además salpican.

Los dialogantes tienen la responsabilidad de solucionar el grave entuerto en el que se ha instalado la política catalana pero deben hacerlo asumiendo que son ellos -por acción u omisión- los causantes del mismo. También son ellos los únicos que pueden adquirir nuevos compromisos, plantear nuevas reglas y a ser posible tener la firme voluntad de cumplirlas.

Hasta aquí la ensoñación de lo que debiera tener en cuenta la flamante mesa de diálogo una vez tenemos confirmación de los comensales y la dichosa fecha, pero ha sido este último escollo para acordar el día del primer encuentro, el que me ha hecho tener la convicción de un fracaso prematuro.

El objetivo de Torra

Me cuesta creer en la voluntad política de alguno de los dialogantes y en la paciencia infinita del resto. El objetivo no parece para el 'president' Torra encontrar una solución, sino todo lo contrario: evidenciar una y otra vez la ausencia de acuerdo. Torpedear cualquier atisbo de luz al final del camino, a no ser que sea él quien encienda y apague esa luz y también él quien decida el camino, el ritmo y la meta. Es una posibilidad tan poco generosa como imposible a estas alturas de la historia.

Es evidente que la mesa de diálogo no se crea para acordar la forma de hacer efectiva la república. Lo sabe él y el resto de comensales, nunca ha formado parte de un menú que alguno se empeñan en que sea buffet libre. Lo sabe también ERC, más dispuesta a digerir un plato de mal gusto siempre y cuando los postres compensen, dejen buen sabor de boca después de tanto regusto amargo.

No lo va a tener fácil la izquierda independentista. JxCat tiene la firme intención de que una buena ración de sapos y culebras amarguen cualquier postre e intentará que ERC se vea obligada a levantarse de la mesa antes de que se sirvan los entrantes. La formación republicana deberá decidir entre el papel que quiere jugar en España y el que podría jugar en Catalunya, con unas elecciones casi anunciadas. Una y otra opción parecen incompatibles.

Quién le iba a decir al Gobierno de España que acabaría teniendo la posición más cómoda en el inicio de esta mesa de diálogo. Han variado la fecha a petición de Torra y han incorporado perfiles interesantes para el cometido. Todo iría bien si no fuera porque tienen que convencer de su voluntad, sus ganas y su compromiso a ERC; se juegan demasiado si no lo consiguen.

Que empiece el diálogo y a ser posible que no fracase. Nos lo merecemos.