07 ago 2020

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Dos miradas

Jordi Cuixart, a su llegada a la empresa Aranow, en Sentmenat, el pasado 13 de febrero.

PAU VENTEO / EUROPA PRESS

El recurso de apelación del fiscal contra el permiso para Jordi Cuixart es una demencial, monumental, exhibición de verborrea jurídica que no quiere decir nada

El artículo que ahora están leyendo tendrá 195 palabras y tengo la intención, ahora que lo empiezo, de escribirlas todas seguidas, sin un punto que rompa una frase que, como pueden comprender, será larguísima y difícil de analizar, porque contendrá tantos excursos y tantas divagaciones que será casi imposible completar uno de esos árboles sintácticos que plantábamos de pequeños, un árbol que se parecerá a un baobab, aunque también les he de advertir que este artículo que ahora están leyendo, sin puntos, no tiene tantas palabras como uno de los párrafos del escrito del fiscal, empeñado en "convertir al interno" llamado Jordi Cuixart, es decir, dispuesto a no dejarle salir hasta que se haya curado de la "distorsión cognitiva" que sufre, porque resulta que el mencionado párrafo tiene exactamente 347 palabras, que son muchas, sin un oasis a mano para la respiración, y que es, como dice mi amigo Màrius Serra, "una versión burocrática de 'El otoño del Patriarca' ", o, dicho de otro modo, una demencial, monumental, exhibición de verborrea jurídica que no quiere decir nada o que, mejor dicho, significa que debes curarte la infección de ideología si quieres salir de la cárcel.