04 ago 2020

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Editorial

Johnson restringe la inmigración

Con precedentes como este, será muy difícil que la UE llegue a acuerdos razonables sobre su relación definitiva con el Reino Unido

Jonhson en un acto público el lunes en la Old Royal Naval College, en Greenwich, al sureste de Londres.

Jonhson en un acto público el lunes en la Old Royal Naval College, en Greenwich, al sureste de Londres. / AFP / FRANK AUGSTEIN

El sistema por puntos para la admisión de trabajadores extranjeros que entrará en vigor en el Reino Unido el 1 de enero del 2021 tiene bastante de darwinismo social y bastante poco de sentido común. La pretensión de que solo se incorporen al mercado laboral británico empleados con alta cualificación profesional y dominio del inglés alarma a los empresarios de sectores capitales de la economía y los servicios sociales, pone en entredicho la presunta voluntad de Boris Johnson de consumar un brexit con efectos dañinos limitados y anuncia una negociación borrascosa entre Londres y Bruselas de marzo a final de año.

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Dicho sin recurrir a subterfugios: si ese será el tono y criterio de las propuestas que el Reino Unido hará a los Veintisiete, es harto improbable la posibilidad de llegar a acuerdos razonables. No solo por el fondo del asunto, impregnado de un populismo desbocado y de la praxis de Donald Trump en Estados Unidos, sino por el propósito del premier de aplicar la misma regla a migrantes no comunitarios y comunitarios, cuyos intereses deberán defender los negociadores europeos, obligados a evitar que la propuesta de Johnson origine agravios comparativos entre trabajadores procedentes de un mismo país y con cometidos idénticos.

Como resalta en el Reino Unido el frente europeísta, el plan del Gobierno es muy intervencionista, deja a criterio del Gobierno la admisión de trabajadores extranjeros y, más que recuperar soberanía, uno de los eslóganes de campaña de Boris Johnson, excluye poco menos que por indeseables a los migrantes sin especialización laboral o poco especializados.

Detrás de todo ello subyace la idea del Partido Conservador de que es preciso cambiar de modelo económico una vez se han superado los efectos de la recesión del 2008, las cifras de empleo han desbordado todas las previsiones de crecimiento, pero los índices de productividad se han estancado. Pero nadie se atreve a pronosticar qué impacto tendrán las restricciones a la inmigración en aquellos sectores, muchos todavía, que requieren una contratación intensiva de mano de obra, sea esta nacional o extranjera.