26 nov 2020

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ANÁLISIS

Rafinha se escapa de Modric en el Madrid-Celta del Bernabéu.

GETTY / MATEO VILLALBA

El Rafinha del Celta

Sònia Gelmà

El exjugador del Barça ofeció una auténtica exhibición en el Bernabéu guiando a su equipo a un heroico empate ante el Madrid

Descomunal, estelar, brillante. Tras la exhibición de Rafinha en el Bernabéu, más de uno se preguntaba cómo podía ser que el Barça se hubiera desprendido de tanto talento. La respuesta es sencilla, más allá de las lesiones, el Rafinha del Celta poco o nada tiene que ver con el Rafinha que el Barça le permitía ser.

Es cierto que, en su caso, además de la falta de continuidad que provoca la exigente competencia del centro del campo, las lesiones fueron determinantes. Pero, aun así, la jerarquía y confianza que le vemos en el conjunto celeste nunca la pudo ni la podría tener en el equipo azulgrana.

Con personalidad y temple

Ese Rafinha que, con personalidad, mandó y templó el juego gallego en el Bernabéu sí que lo habíamos visto anteriormente, pero no en el primer equipo del Barça. Esa versión excelente del brasileño nos suena justamente de su anterior etapa en Vigo. Porque allí Rafinha, con el permiso de Aspas, se siente el rey. Ese es el jugador que quiso recuperar Luis Enrique para el Barça.

En Vigo, y con permiso de Iago Aspas, el exazulgrana se siente el rey y vuelve a ser feliz

No pudo ser, porque en el equipo azulgrana Rafinha pasa a ser un peón, y en ese contexto, aunque útil, ya no es lo mismo. En Vigo vuelve a ser feliz, aunque lo visto en el Bernabéu no es lo habitual, como demuestra la clasificación del Celta. Algo similar le ocurrió a Aspas, un jugadorazo, cuando se fue al Liverpool y tiempo después al Sevilla. Tuvo que ser en su casa donde recuperara su mejor versión.

El 'caso Griezmann'

Ocurre que hay jugadores que sobresalen en sus equipos pero que cuando llegan al ecosistema azulgrana, parecen peores de lo que habían enseñado. Ahora, por ejemplo, quien vive ese proceso es Griezmann. El francés es mucho mejor jugador de lo que hasta ahora ha demostrado, pero vive un proceso de adaptación. Y no es el único, también deben adecuarse nuestras expectativas, pues esperamos de él el rendimiento de un delantero pagado a precio de crack cuando ejerce de complemento.

En el Barça hay un solista y no se llama Griezmann. Por lo tanto, se trata de que encuentre su instrumento en esta orquesta. Nos equivocamos si esperamos ver aquí el Griezmann del Atlético, igual que nunca vimos al Rafinha del Celta ni al Alcácer del Valencia, al Coutinho del Liverpool o al Dembelé del Dortmund.

Pero que las jerarquías del Barça sean tan contundentes, no significa que las incorporaciones no puedan dar un salto de calidad al equipo. Tampoco vimos en Barcelona el Alves del Sevilla, y aun así su rendimiento para el equipo fue incluso superior. El Rakitic del Barça también fue diferente al del Sevilla y aun así resultó muy útil durante un largo tiempo. Y aunque nos empeñemos en querer ver al De Jong del Ajax, sería mucho más sano confiar en ver la calidad de un nuevo De Jong, el del Barça.