10 abr 2020

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Al contrataque

La nueva ’Gramàtica bàsica i dús de la llengua catalana’.

FERRAN NADEU

Catalanes de toda la vida

Najat El Hachmi

He vivido situaciones surrealistas en las que firmaba libros escritos en catalán que habían ganado premios a lectores que no solo me hablaban en castellano sino que lo hacían muy despacio

Plataforma per la Llengua es una entidad dedicada a promover el uso social de la lengua catalana. Hace años que realiza una campaña llamada No em canviïs de llengua per una razón muy concreta: hay personas catalanohablantes que cuando identifican a alguien como extranjero pasan a hablarle automáticamente en castellano, dando por hecho que tener un color de piel oscuro, un cabello rizado o cualquier fenotipo que les parezca “diferente” significa que: a) el sujeto en cuestión no sabe catalán y b) domina el castellano aunque acabe de aterrizar de la China popular.

Esto constituye un prejuicio lingüístico que afecta a personas muy diversas: inmigrantes, hijos y nietos de inmigrantes, adoptados en otros países y cualquiera que sea automáticamente puesto en la casilla de 'no catalán'. No creo que este prejuicio opere, a estas alturas, con personas que proceden de esa otra inmigración del resto de España. (Excepto con Rufián, pero en este caso fue él mismo el que se puso en la categoría de "castellanohablante indepe"). Yo misma me he encontrado en situaciones surrealistas en las que firmaba libros escritos en catalán que habían ganado premios a obras en este idioma, a lectores que no solo me hablaban en castellano sino que lo hacían muy despacio para que pudiera entender lo que me decían. Así que la campaña de Plataforma per la Llengua destinada a acabar con este prejuicio no tiene nada de racista ni supremacista y es exactamente lo contrario.

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Otra cosa es el lío que se hizo Anna Erra cuando intentó explicarla. Otra cosa es que digamos que la lengua nos “hermana” y nos integra y etcétera con los actuales niveles de desigualdad económica fruto, en parte, de las políticas que se han venido haciendo en los últimos años. Otra cosa es que a pesar de hablar perfectamente el catalán se te sigan cerrando muchas puertas por “no parecer catalán.” En su día, y en la ciudad de Vic, yo misma coleccioné montones de experiencias en este sentido: llamaba por teléfono para pedir trabajo o visitar un piso de alquiler y caía en gracia con mi acento tan autóctono que después no me servía de nada cuando me conocían en persona. Hasta que gané el primer premio, claro, eso me convirtió en la catalana que no me habían dejado ser durante años a pesar de todos mis esfuerzos. Otra cosa es no hacer políticas para la integración, recortar de forma salvaje en todo lo social, incluso en política lingüística y después llenarnos la boca con la lengua sin destinarle recursos.

Otra cosa también es que haya ciudades con un tanto por ciento elevado de población procedente de otros países o con niñas y niñas catalanes de toda la vida (que han nacido aquí y no han vivido en otro sitio) que sean siempre etiquetados y segregados a los barros y sectores laborales que les son propios. En estos casos se hace difícil percibir el "hermanamiento" que comporta dominar la lengua catalana.