26 nov 2020

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Violencia machista

¿El violador eres tú?

MONRA

¿El violador eres tú?

Salvador Martí Puig

El Estado ofrece un campo abonado para el feminicidio si no da las suficientes garantías a las mujeres y si no impulsa condiciones de seguridad e igualdad en el espacio público, en el hogar o en el trabajo

¿El violador eres tú? Según Las Tesis -grupo de cuatro mujeres de Valparaíso que estaban trabajando textos feministas para llevarlos al campo del arte y la 'performance'-, sí. Y así lo han ido repitiendo mujeres del mundo entero mientras replicaban la 'performance' que este grupo ideó para ser representado el día contra la violencia hacia las mujeres en Santiago de Chile y que se ha hecho viral.

Esta contundente acusación da cuenta de un término ya instalado en nuestro léxico pero que muchas veces no manejamos debidamente, a saber, el feminicidio. Este término enfatiza la violencia asesina contra un cuerpo femenino agredido por el hecho de ser mujer. La investigadora y activista Marcela Lagarde señala que el concepto empezó a utilizarse a finales de los años 80 a partir de la alarma generada por la desaparición sistemática de niñas y mujeres en Ciudad Juárez. Del horror y la consternación se pasó a la denuncia y la exigencia de justicia. Como no hubo respuesta por parte de las autoridades se crearon organizaciones de apoyo a las víctimas y movimientos que impulsaron campañas de denuncia, llevando este caso a tribunales locales y nacionales, hasta llegar a las Naciones Unidas.

Sin embargo, más allá de las denuncias, de los juicios y de las reflexiones académicas, este fenómeno en particular -y el feminicidio en general- empezó a 'divulgarse' a gracias a manifestaciones culturales. En este sentido destaca la producción de diversos documentales, como 'Señorita extraviada', que obtuvo un Ariel al mejor documental en el 2002 y fue premiada en los festivales de Málaga y Sundance. Y también a través de la novela de Roberto Bolaño titulada '2666', que transcurre en la ciudad ficticia de Santa Teresa, que se ha identificado con Ciudad Juárez. En el apartado cuarto de la novela, titulado 'La parte de los crímenes', Bolaño describe centenares de asesinatos de mujeres, y reproduce partes de las investigaciones que se llevaron a cabo y que nunca llegaron a ninguna parte, y que terminaron archivándose. En este sentido, el activismo, el cine y la literatura precedieron a la jurisprudencia y, sobre todo, a la academia.

Es a partir de los años 90 que se divulga el término de feminicidio entendido como un conjunto de violaciones a los derechos humanos de las mujeres que sucede cuando hay condiciones que generan prácticas sociales que permiten atentados violentos contra su integridad, salud, libertades y vida.

Pero el feminicidio no se refiere a un maltrato aislado contra las mujeres, sino que da cuenta de una violencia que se sustenta en un espacio contextual donde frente al maltrato se impone el silencio, la negligencia y la colusión de las autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes. Es decir, que el Estado ofrece un campo abonado para el feminicidio si no da las suficientes garantías a las mujeres y si no impulsa condiciones de seguridad e igualdad en el espacio público, en el hogar o en el trabajo.  Y, como todos sabemos, eso no se da ni en América Latina, ni muchas veces, aquí: véase en este sentido la película 'Isla Mínima', que habla de este fenómeno en las marismas del Guadalquivir o la reciente serie de Netflix 'Unbelievable'.  

Así, cobra sentido la canción de Las Tesis cuando recitan: “El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer, (…) impunidad para mi asesino. Es la desaparición. Es la violación. Son los 'pacos' (la guardia civil), los jueces, el Estado, el presidente. El Estado opresor es un macho violador”.

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En el fondo, las violencias patriarcales que concluyen en la posibilidad del feminicidio se forjan en la desigualdad estructural y la cultura de género que impone una marcada desventaja a las mujeres y a los cuerpos feminizados. A esta situación se añaden ausencias legales que contribuyen a la impunidad de los victimarios y a la desatención y criminalización de las víctimas. Por eso muchas veces se trata de una la violencia que “no se ve” o que se ignora, y cuando se problematiza se termina diciendo que la culpa era de la mujer por “dónde estaba y cómo vestía”. Precisamente por ello la 'performance' de Las Tesis utiliza como estribillo la estrofa “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía”.

Volviendo a donde empezamos. Ante la pregunta de si el violador eres tú, la respuesta está en señalar que el violador es el sistema, es decir, que somos tú y yo, y nosotros, mientras esto no cambie.