23 feb 2020

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ANÁLISIS

Nuria Mendoza y Maríasun Quiñones, jugadoras de la Real Sociedad, abandonan El Helmántico tras perder 1-10 ante el Barça.

AFP / ÓSCAR J. BARROSO

Demasiado buenas

Sònia Gelmà

Parecían juveniles a su lado. Un equipo muy superior. Más potente. Más veloz. Mejor. A la media hora de juego, ya perdían por 4 a 0. Les habían pasado por encima. No, no era la Real Sociedad. Era el Barça, en Europa. La superioridad de las francesas, lideradas por la noruega Ada Hegerberg, en la primera final de Champions que jugaban las azulgranas fue incontestable.

Al día siguiente, en el mismo aeropuerto de Budapest, Lluís Cortés se reunió con las capitanas. No querían repetir la impotencia vivida durante el partido y para ello adquirieron un compromiso. Reforzarse, claro, pero, sobre todo, subir un peldaño. Entrenar más y mejor. El objetivo debía ser acercarse a ese nivel, aun sabiendo que a corto plazo sería casi imposible.

No se escuchó ninguna voz responsabilizando a la UEFA por el excesivo potencial del Olympique de Lyon. Oigan, díganle que fiche peor, pague menos y, a poder ser, trabaje menos su cantera. Esa parece ser la petición de Gonzalo Arconada, el entrenador de la Real Sociedad, después de que su equipo haya perdido una final por 1-10. 

Arconada equivoca el tiro

Además, Arconada equivoca el tiro porque su razonamiento parte de una premisa falsa: que el Barça tiene muchas extranjeras mientras las nacionales están en el banquillo. Solo hace falta mirar la alineación, ocho internacionales por España. Cuatro de los diez goles se los metió una única jugadora, Marta Torrejón, que lleva siete temporadas en el Barça y es de Mataró.

Había 8 internacionales españolas en el 11 del Barça. Y cuatro de los 10 goles llevaron la firma de Marta Torrejón, que lleva siete años de azulgrana y es de Mataró

¿Es bueno para el deporte esa diferencia en una final? Por supuesto que no. ¿Sería mucho mejor si ambos equipos hubieran mostrado el mismo nivel? Por supuesto que sí. Es un peligro que la liga femenina, tan emocionante en los últimos años, se convierta en la ASOBAL. Pero la solución no puede ser que aquellos que tengan un buen proyecto deban debilitarse.

La apuesta azulgrana

Lo abultado del resultado señala ciertas deficiencias que aún tiene una competición que está en su fase adolescente. Pero ya mejorará. Siempre que queramos que avance, porque de lo que se trata es que madure. Lo contrario es dar un paso atrás. La apuesta del Barça por su equipo femenino es indiscutible.

El mejor legado que dejará la junta de Bartomeu, que cumplió con su promesa electoral y profesionalizó la sección. Si la Real Sociedad quiere competir una Supercopa, lo que debe conseguir es mejorar su equipo. Que sus dirigentes se crean el proyecto, consigan mejores observadores para detectar el talento, mejoren sus entrenamientos, su cantera y seduzcan a un patrocinador para que les pague lo suficiente para seguir invirtiendo. Pero eso sería pensar en grande y parece que lo que el entrenador del conjunto vasco esté pidiendo es que el Barça se quede quieto, para que todo siga igual.