30 mar 2020

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Al contrataque

Una mujer deposita un envase de plástico en el contenedor amarillo.

Impotencia ecologista

Najat El Hachmi

Para ganarnos el cielo de los no contaminadores y expurgar nuestras culpas individuales nos convencieron de que el gesto más pequeño sería decisivo para revertir el curso de la historia. Pensamiento mágico nivel avanzado.

Yo quería salvar el planeta. De verdad. Desde que empecé a leer sobre la destrucción del medioambiente y el cambio climático no he podido dejar de preocuparme por el tema. Cuando era jovencita quería enrolarme en un barco de Greenpeace para luchar contra los cazadores de ballenas, hasta que me di cuenta de lo inútil que sería tener una escritora a bordo. Entonces, hará unos 25 años, ya había información más que suficiente sobre la catástrofe que vendría si las sociedades avanzadas no cambiaban radicalmente su sistema de vida. Para ganarnos el cielo de los no contaminadores y expurgar nuestras culpas individuales nos convencieron de que el gesto más pequeño sería decisivo para revertir el curso de la historia. Ya saben: si cada día descompones en tres el envase de yogur y depositas plástico, etiqueta y tapa en contenedores distintos, todo irá bien, dejará de subir la temperatura global, los mares se limpiarán de repente y todo volverá a su equilibrio natural. Solamente porque eres capaz de separar bien tus residuos. Pensamiento mágico nivel avanzado.

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Ojalá que los problemas de contaminación se acabaran con soluciones simples, ojalá que bastara con pequeños gestos para cambiarlo todo, pero yo cuanto más leo sobre el tema más complicado me parece. No hace mucho intentaba encontrar unas cortinas de lo más sencillas, sin complicaciones, y me costó lo indecible (y un tiempo que no tengo) dar con unas sin poliéster. Los gurús del 'zero waste' me cuentan que nadamos en plástico: objetos de casa, ropa, calzado, prácticamente todo contiene este material indestructible que luego se comen los peces. Y estremece pensar en toda la basura que generamos, pero la solución que me propone un sector del ecologismo no la veo clara: volver a lavar pañales, compresas y pañuelos de tela, deshacerme de todos los objetos de plástico y sustituirlos por otros de cristal, metal, etcétera, cargar todas las semanas con treinta mil tápers (de cristal, claro) y bolsas reutilizables para ir a la compra. Si ya era complicado ser una simple madre trabajadora haciendo malabares para compaginar trabajo con crianza y mil exigencias más, ser mujer, trabajadora y ecologista de esta forma me parece misión imposible. La vida que proponen algunos expertos para minimizar mi huella de carbono es más cara y requiere una inversión de tiempo mayor para las tareas domésticas.

No, yo no salvaré el planeta, entre otras cosas porque no es cierto que mi pequeño gesto diario sea más poderoso que las prácticas destructivas de las grandes corporaciones. No es verdad que todos tengamos la misma responsabilidad: usted y yo y las cadenas de 'fast fashion' que hacen ropa que no dura, las empresas tecnológicas que practican la obsolescencia programada, los grandes conglomerados agrícolas que destruyen el Amazonas. Sin leyes que regulen a estos gigantes contaminantes, ya pueden reciclar en la cocina de su casa, ya, que de poco nos va a servir.