31 oct 2020

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Igualdad

El papa Francisco habla con un grupo de monjas en el Vaticano, el 7 de agosto del 2019.

FILIPPO MONTEFORTE (AFP)

Y ahora, la Iglesia

Núria Iceta

El papel reservado a las mujeres en la institución es una anomalía impropia de los tiempos que vivimos

"Venimos de lejos. Somos muchas. Decimos 'basta'". Un mensaje claro y contundente de un colectivo de mujeres católicas que desde la diversidad de procedencias y a escala internacional han unido fuerzas para decir "¡Alcemos la voz!" por la igualdad y la no discriminación de las mujeres en la Iglesia.

Y es que el papel reservado a las mujeres en la Iglesia es una anomalía impropia de los tiempos que vivimos. No hay nada que lo justifique excepto la tradición de varios siglos (no de toda la vida) y no se requiere un argumento demasiado elaborado para desmontarlo.

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Herederas de mil mujeres antes que ellas, de colectivos como el de Mujeres en la Iglesia que reivindican un cambio de modelo desde los años 80, de tantas comunidades de laicos, de asociaciones de teólogas, de religiosas que de manera silente han mostrado otras formas de vivir, estas mujeres demuestran que esta supuesta tradición en realidad aleja el conjunto de la Iglesia del mensaje evangélico. ¿O no era motivo de escándalo, precisamente, el mensaje del amor universal de Jesús, las actitudes que transgredían las normas de una sociedad profundamente patriarcal? Venimos de una Iglesia que en sus inicios hizo de la igualdad entre hombres y mujeres una de las aportaciones más radicales del cristianismo a la historia de la humanidad. ¿Por qué nos hemos dejado perder ese valor? ¿Cómo queremos crear referentes de transformación desde aquí?

Las mujeres han sido siempre quienes han aguantado las estructuras eclesiales, quienes han sostenido las comunidades, las que se han encargado de la transmisión de la fe. Y sin embargo han sido sistemáticamente apartadas de las decisiones que nos afectan a todos. Se podrá decir que los mecanismos de toma de decisiones en la Iglesia no son suficientemente democráticos. Y es cierto, mayoritariamente. Pero el primer problema es la exclusión de las mujeres por el hecho de serlo. Es inadmisible y ya no podemos más. Podéis firmar el manifiesto (alcemlaveu.org) y también nos podéis acompañar en la concentración del domingo 1 de marzo a las 11 horas en las escaleras de la Catedral de Barcelona.

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