23 feb 2020

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El conflicto catalán

Torra, en el pleno del Parlament del pasado 27 de enero.

REUTERS / ALBERT GEA

El 'tot o res' de Torra

Joan Tapia

¿Quiere el 'president' dinamitar el pacto de investidura entre Pedro Sánchez y los republicanos?

El gran cambio de las últimas elecciones fue que Vox relevó a Cs como el segundo grupo de la derecha. Así toda entente -por puntual que fuese- de alguien de la derecha con el PSOE pasaba a ser casi imposible.

La consecuencia fue la coalición PSOE-Podemos que, al quedar lejos de la mayoría absoluta, necesitaba para la investidura los votos del PNV y la abstención de ERC. Y lograr esta abstención era endemoniado. No solo por la DUI del 2017, ni porque Oriol Junqueras esté cumpliendo una pena de 13 años de prisión, sino porque ERC y el puigdemontismo se enfrentan desde hace tiempo en una dura batalla por liderar el soberanismo y quedaron casi empatados en las elecciones del 2017.

Ahora Puigdemont sigue apostando por el choque frontal con el Estado mientras ERC quiere explorar la negociación. Pero para ERC podría ser mortal ser acusada de “blanda”, o incluso traidora, por el maximalismo de JxCat y de las CUP.

El fin de la legislatura catalana y las próximas elecciones complican el diálogo entre los dos gobiernos y la aprobación de los Presupuestos españoles

Al final hubo investidura. ERC se abstuvo a cambio de crear una mesa de diálogo entre los dos gobiernos que abriera la puerta a una espinosa negociación. Sobreentendido: Sánchez trabajaría por la desjudicialización del ‘procés’ y ERC dejaría el unilateralismo y (en función de los resultados) se inclinaría por el gradualismo. Pero como esto no se logra en dos semanas, Sánchez necesitaría el apoyo republicano a los Presupuestos.

Junqueras dijo “no habrá presupuestos sin mesa de diálogo”. Evidente. Pero Aitor Esteban, el inteligente portavoz del PNV, ha recordado que “para que haya diálogo con la Generalitat tiene que haber Presupuestos”. Un Gobierno no puede dialogar en serio con el independentismo sin un mínimo de estabilidad.

La apuesta de Sánchez era arriesgada. Pero en los últimos días se ha complicado todavía más porque el ‘president’ Torra -en base a polémicas decisiones judiciales- ha pretendido que el Parlament volviera a desobedecer al Supremo lo que habría hecho saltar todo por los aires. ERC se ha negado a la estéril sublevación parlamentaria y la respuesta de Torra (y de Puigdemont) ha sido declarar finiquitada en diferido la legislatura (cuando haya presupuestos catalanes) y abrir de hecho una campaña electoral que llevara a elecciones en primavera.  

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Así Torra pretende dinamitar el pacto de investidura. Si para Sánchez no era fácil dialogar sin condiciones con un Gobierno separatista, es envenenado intentarlo con un Ejecutivo que está oficialmente liquidado y cuyo ‘president’ afirma que exigirá para ya la amnistía y la autodeterminación. Y que solo querrá subrayar lo que el PSOE no puede tragar -y menos de sopetón y sin contrapartidas- para dejar en ridículo a ERC que apuesta por una negociación que solo podrá ser larga y tortuosa. El ‘tot o res’ (todo o nada) de Torra lleva al ‘res’. Y así Torra y Puigdemont quieren demostrar que ERC es venal, o traidora. Pecado mortal.

Además, en campaña a ERC le costará mucho mas votar los Presupuestos, lo que haría que Sánchez siguiera en precario, como al parecer desean tanto Puigdemont como la derecha de Madrid. ¿Aplazar pues los Presupuestos hasta después de las elecciones catalanas?

Así la visita de este jueves a Torra es un gesto casi temerario porque Torra no es ningún genio -ahí está el suspenso de los catalanes a su gestión- pero sí podría ganar el Premio Nobel a la desestabilización. Sánchez lo intuye y por eso se verá también con Ada Colau, Núria Marín y Josep Sánchez-Llibre. Está comprometido a negociar con la Generalitat, pero quiere dejar claro que Catalunya es algo mas que un Gobierno que ya se ha declarado en fase terminal.