02 abr 2020

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Vuelco en la UE

Manifestante favorable al ’brexit’ paseando por las calles de Londres.

Frank Augstein (AP)

El 'brexit' es una revolución

Josep Martí Blanch

En el Reino Unido han decidido jugársela contra quienes consideran que la historia está terminada y que no cabe más que la resignación

La fatalidad ha querido que el sabio George Steiner se haya marchado del mundo a  los tres días del abandono formal del Reino Unido de las instituciones comunitarias. El hombre que más comprensible hizo la idea de Europa, definiéndola como un mapa de cafés con mesas de mármol diseñados para el debate intelectual, apaga su voz justo en el momento en el que el europeísmo político recibe, con el 'brexit', el bofetón más duro desde que empezó a articularse institucionalmente tras la segunda guerra mundial. También es cierto que cuando Steiner escogió los cafés para cartografiar el alma europea no añadió nada sobre los pubs, lo cual podría hacernos entender por qué los británicos se han marchado y también, lo más importante, que la amenaza principal para el europeísmo no está al otro lado del canal de la Mancha, sino en el propio continente, que va sustituyendo los cafés de Steiner por asépticos Starbucks donde lo más importante que se discute es una segunda ronda de financiación sobre una 'start-up' mientras alguien se queja de la calidad del wifi. 

Para intentar entender el 'brexit' hay que liberarse de la narrativa coyuntural desencadenada con el referéndum del 2016 y también de los prejuicios, cuando no superioridad moral, en la que vivimos instalados los que vivimos en países en los que el antieuropeísmo aún no ha hecho acto de presencia, a excepción de alguna charlotada como el reciente 'Spexit'.

El sentimiento euroescéptico

Se ha editado recientemente en español el libro 'Un fracaso heroico. El brexit y la política del dolor', del escritor y comentarista político irlandés Fintan O’Toole que, desde posiciones muy críticas con la clase dirigente británicaa, pero sin menospreciar a los votantes 'brexiters', sirve para calibrar la profundidad del sentimiento euroescéptico y el poco apego, particularmente de los ingleses, a las instituciones comunitarias. Leyendo a O’Toole pueden repasarse momentos de gran importancia para el devenir de la historia que ha tocado su fin. Por ejemplo, cómo la adhesión en su día del Reino Unido al club comunitario se vivió como un mal menor y no como un proyecto ilusionante, tanto a derecha e izquierda del Parlamento; y cómo la clase intelectual británica trató con absoluta indiferencia el asunto. El thatcherismo hizo el resto, añadiendo el combustible oportuno para que en la apatía prendiese de inmediato la llama del euroescepticismo, cuando no de la eurofobia.

La adhesión al club comunitario se vivió en su día como un mal menor y no como un proyecto ilusionante

O’Toole explica cómo un país imperial logra a través de una pirueta filosófica imposible sentirse colonizado, equiparando a la Unión Europea a lo que ellos fueron en su día para la India, por poner un ejemplo. Pero este y otros contorsionismos no hubiesen sido posibles sin un poso inicial de desconfianza y desentendimiento hacia el proyecto europeo y hacia los valores que este representa.

El discurso de 'ríos de sangre'

El 'brexit' es también una readaptación moderna de las palabras que en 1968 pronunció el tory Enoch Powell, recordadas por la historia como el discurso de 'ríos de sangre'. En él, Powell alertaba de la desaparición del Reino Unido por la excesiva inmigración, entonces procedente en su mayoría de la Commonwealth y en particular del Caribe, que desnaturalizaba el ser británico. Fue cesado de sus responsabilidades en el gabinete en la sombra (los conservadores estaban en la oposición) pero fueron decenas y decenas de millares los que escribieron cartas a los periódicos dándole la razón.

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La pulsión antinmigración, siempre presente y nunca menospreciable intelectualmente, explotó de nuevo con el 'brexit', mezclándola con las estrecheces económicas de las clases medias y el convencimiento de que la globalización cultural y económica solo favorece a unos cuantos, mientras que el resto van paulatinamente sintiendo que se quedan sin tierra firme que pisar. De ahí el refugio en la patria, en la tradición y en la ilusión de convertir el futuro en una recreación de un pasado que siempre se imagina mejor de lo que fue cuando era presente. Esto lo ha explicado Mattew Goodwin en el libro 'El camino a algún lugar: la revuelta populista y el futuro de la política'.

El 'brexit' no es un calentón. Es la galvanización de un instinto mayoritario en Inglaterra, que con su peso demográfico domina la narrativa política del Reino Unido. Si se trata de un error será el futuro quien lo determine a la vista de los resultados. La explosión de rancio patriotismo y racismo que lo acompaña no invita al optimismo. Pero hay que mirarlo también como una revolución contra quienes consideran que la historia está terminada y que no cabe más que la resignación. En las islas han decidido jugársela. Nos conviene que su revolución con destino ignoto sea fallida para que nuestra apuesta por lo conocido siga teniendo sentido.